Por Dolores Arce “Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro”, quien no recuerda estas palabras de una valerosa mujer minera, Domitila Chungara, que hace 47 años fue una de las 4 mujeres que iniciaron la huelga de hambre que derrotaría al dictador, un 28 de diciembre del año 1977. En el contexto actual, no solo nuestros miedos, también la desmemoria y la deslealtad amenazan con retrocesos que nos pueden costar sangre si no tenemos la capacidad de frenar la rearticulación y el avance de la derecha neoliberal, racista y fascista que se ha propuesto borrar del mapa el Estado Plurinacional y volver al pasado. Hace 66 años atrás, un Primero de Enero el pueblo hermano cubano, alzado en armas, puso la piedra fundamental de una Revolución y aún sigue de pie, pese a tanto asedio, sabotaje, bloqueo económico y todo el odio escupido por el imperialismo norteamericano. ¿Cuál será el secreto de su revolución? Entre un trabajo imparable por construir una sociedad más justa y solidaria, pero está también otro pilar, la formación política ideológica sólida, sostenida, para formar nuevas generaciones que sepan soportar las adversidades y la crisis sobre la base de la comprensión de la realidad y los mecanismos de dominación. Al igual en la República bolivariana de Venezuela, en pocos días se juramentará una vez más como presidente reelecto Nicolás Maduro, aunque le duela al imperio y a muchos gobiernos occidentales con democracias de corte burgués, incapaces de comprender – y respetar – la voluntad popular. Al triunfo de la revolución bolivariana de 1999 le siguieron conspiraciones, golpes de Estado, boicot y guerra económica, psicológica y mediática, también la guerra cognitiva o batalla cultural. Ya en tiempos de Chávez el pueblo venezolano supo resistir y vencer los intentos de acabar con una Revolución para acaparar de nuevo el tan acodiciado oro negro. Esta victoria no hubiera sido posible sin la conciencia social revolucionaria del trabajo en barrios, a partir de los concejos comunales, y fundamentalmente la formación de la nueva generación. Por supuesto no faltarán los descontentos, que hacen lo posible por salir del país o aún peor, ponerse al servicio de los enemigos a cambio de migajas, hablando tanto de Cuba como de Venezuela. Pero ambos países supieron resistir por décadas construyendo la Patria Grande, brindando su solidaridad de la cual somos testigos en Bolivia. Por lo tanto, la defensa de Venezuela es deber moral de todo aquel que se identifica con el movimiento popular antifascista, anticapitalista y antimperialista, un flaco favor le hacen a la democracia los comentarios negativos y ofensivos de Lula o Mújica, para regocijo del imperio. Este año 2025, año del bicentenario, se juega una vez más nuestro futuro. La derecha neoliberal, racista y fascista, capitalista y proimperialista hace su máximo esfuerzo por unificarse y con el apoyo de los grandes medios de comunicación y fundamentalmente las redes sociales además del asesoramiento y billetes del imperio, crear la confusión necesaria para sumar votos aún si ello implicara darse un tiro en el pie, como ocurrió en la Argentina con Milei. El pensamiento fascista de borrar todo proyecto social y estatal, se ve muy bien representado en el símbolo la “motosierra” para joder al pobre, al zurdo, al sindicalista. Parece que en Bolivia también hubiéramos perdido el rumbo, ya no sabemos identificar al enemigo principal. ¿Acaso el Trópico de Cochabamba, que tantas vidas ha ofrendado en la lucha por la recuperación de la democracia, es una zona prohibida, un territorio enemigo? ¿Ahora las 6 Federaciones del Trópico deben ser borradas del mapa? Las 4 radios comunitarias acalladas en el mes de noviembre, Radio Guerrilleros de Independencia, Radio Chiwalaki de Vacas, Radio Comunitaria Aiquile y poco después Radio Tawantinsuyo de Laja, ¿por qué se buscan pretextos o se aplica con tanta saña una norma administrativa de manera unilateral? ¿Cuando hay medios de comunicación que vomitan odio y desinforman con mucha soltura sin recibir ninguna sanción? El ministro bravucón Del Castillo se parece cada vez más a su antecesor, Arturo Murillo. Les une el odio a Evo. ¿Es posible catalogar a Evo Morales como enemigo principal? Tanta desmemoria, tanta deslealtad nos está llevando a la derrota como proyecto político. Si en la Cuba de Fidel o la Venezuela de Chávez hubiera ocurrido algo semejante, ¿cuál hubiera sido la reacción del movimiento popular y revolucionario, nacional e internacional? Hace falta no solamente mucha reflexión, sino aplicar una purga, un código SUYSUNA para volver con más fuerza y convicción, sin prebenda o interés personal de por medio, porque los principios revolucionarios son primero. Triste papel de los traidores – a lo largo de la historia en todos los procesos de liberación aparecen – por dinero y prebendas entregan o venden a los líderes. Que no nos dejemos confundir, que tengamos la lucidez de identificar al enemigo principal y no rifar el proyecto político más importante de nuestra historia, son mis deseos para este año del bicentenario.