Abusos y asesinatos del ICE
Al Pereyra Las protestas que imperan en varias ciudades de Estados Unidos después que agentes del Servicio de Inmigración Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) mataran a tiros el sábado pasado en Minesota a Alex Jeffrey Pretti, de 37 años, dos semanas después de lo ocurrido en Mineápolis en el que agentes migratorios también asesinaron con tres disparos a Renee Good, una mujer de 37 años y madre de tres niños, tras movilizaciones, en las que más de 50.000 personas salieron a las calles del centro de Mineápolis para manifestarse contra el ICE. Ambas víctimas eran ciudadanos estadounidenses. Pretti, un enfermero de la unidad de cuidados intensivos del Sistema de Atención Médica para Veteranos de Mineápolis, estaba filmando con su teléfono el accionar de los agentes durante una protesta contra la campaña represiva que el gobierno del republicano Donald Trump está implementando contra los inmigrantes. El presidente Trump minimizó estas ejecuciones de la manera más cínica cuando afirmó que Pretti era un “hombre armado” y violento que amenazó con “masacrar” a las fuerzas del orden. En tanto, Stephen Miller, asesor de la Casa Blanca e ideólogo de la política de migración trumpista, dijo que Pretti era “un aspirante a asesino”. Pero las imágenes de video y los testimonios de testigos que circulan en las redes sociales contradicen de manera directa estas versiones. Los videos muestran que Pretti es derribado por varios agentes y luego recibe diez disparos en menos de cinco segundos. En las imágenes se ve que Pretti interviene en defensa de una mujer a la que un agente federal había empujado contra el suelo. Luego, el agente rocía al enfermero con una sustancia química y lo derriba. Seis agentes rodean a Pretti tirado en el pavimento y al menos uno de ellos parece dispararle a quemarropa. Luego, los agentes se apartan de Pretti y uno parece efectuar seis disparos contra su cuerpo inmóvil. El enfermero carecía de antecedentes penales y tenía autorización legal para portar un arma de fuego, que en ningún momento la sacó. Sobre la ejecución de Good, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, dijo que ésta murió por cometer “terrorismo doméstico”, o en palabras del mismísimo vicepresidente, J.D. Vance por ser una “izquierdista trastornada”. Según el influyente diario The Washington Post, desde julio de 2025, los agentes enmascarados del ICE han disparado por lo menos dieciséis veces a ciudadanos durante algunos operativos antiinmigrantes o en las protestas que tienen lugar en las ciudades con mayor presencia de la policía migratoria de la Casa Blanca. Hasta el momento, han sido al menos tres los decesos de personas baleadas sin que los agentes involucrados hayan sido procesados por las autoridades. En un clima hostil por la retórica de detenciones y expulsiones en el país, los asesinatos han abierto un frente de lucha entre el ICE y la ciudadanía. Desde la muerte de Silverio Villegas-González el 12 de septiembre de 2025, hasta la de Pretti, 24 de enero, se han dado violentas protestas en varios estados. La nación que se jacta de defender la democracia, la libertad y que no escatima recursos económicos ni humanos en intervenir directamente en países para arrestar presidentes (tal es el caso reciente en Venezuela), ha impedido que investigadores locales realicen pesquisas sobre los abusos del ICE. Trump enfrenta en Minesota varios frentes: una crisis social, con una sociedad activa que no deja las calles, a pesar del miedo; una crisis política, que incluye no solo las declaraciones sino el despliegue de la Guardia Nacional de Minesota, y una crisis judicial, porque el gobierno estatal ha decidido enfrentar en los tribunales al gobierno federal. Minesota, con una gobernación demócrata y ciudades santuario como Mineápolis y St. Paul, se ha convertido en un blanco temprano y simbólico para el Departamento de Seguridad Nacional. Frente a eso, queda mirar al movimiento popular y la enorme resistencia que han demostrado. ¿Será Minesota el símbolo de la caída de Trump? Para calmar las aguas, Trump cambió a Gregory Bovino, comandante general de ICE, por su zar fronterizo Tom Homan. El envío de Homan a Mineápolis en sustitución de Bovino es interpretado por analistas políticos como otro de los gestos para bajar la tensión y redibujar la estrategia migratoria del jefe de Estado de cara a las elecciones de medio tiempo a celebrarse en un par de meses. A estas muertes hay que sumar la detención, el pasado 20 de enero, de Liam Ramos, un niño de cinco años, de padres ecuatorianos, interceptado por agentes de inmigración tras volver del colegio, ha reavivado el debate sobre las políticas migratorias. Entre enero y octubre de 2025, ICE ingresó a 3.800 menores en centros de detención. La comunidad latina en el país del “sueño americano” atraviesa uno de los momentos más críticos. Tras semanas de una intensificación sin precedentes de los operativos migratorios federales, el miedo se ha instalado en barrios, escuelas y centros comunitarios. Arrestos masivos, redadas, puntos de control y la presencia constante de agentes armados han transformado la vida cotidiana de miles de familias inmigrantes, muchas de ellas con estatus legal o incluso teniendo la ciudadanía estadounidense.
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