EE.UU. miente sobre la guerra en Irán

Alfredo Jiménez Pereyra

Fiel a su retórica de chantajes y mentiras Estados Unidos, en su afán de ser el “sheriff del mundo”, a más de un mes de iniciada la guerra contra Irán, el presidente Donald Trump asegura que negocia con el país de los ayatolas y que el nuevo líder del régimen persa le pidió un “alto el fuego”, por lo que el conflicto bélico va a durar dos o tres semanas más. Pero, ha ordenado desplegar y acumular tropas en el Golfo para una posible invasión terrestre, una opción que extendería mucho más el conflicto.

Antes de todo conflicto bélico, Estados Unidos siempre ha enarbolado la bandera de la mentira, lo hizo durante la invasión y la guerra en Irak en 2003 para derrocar al gobierno de Saddam Hussein. Desde antes del inicio de los combates, el entonces presidente George W. Bush poseía las evidencias de inteligencia y de fuentes de alto rango que apuntaban que el régimen de Hussein no poseía armas de destrucción masiva. Y los indicios de las conexiones del entonces presidente iraquí con los terroristas del 11 de septiembre, obtenidos bajo tortura, también resultaron ser falsos.

En la actualidad, Trump la guerra que injustificadamente inicio contra Irán lo está complicando mucho más de lo que esperaba y por eso busca desesperadamente una salida que no vaya a empañar ya su insípida y deplorable gestión gubernamental para los comicios de medio tiempo que se celebrarán en noviembre próximo.

A mediados de marzo, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, compareció ante el Senado estadounidense para presentar la evaluación anual de amenazas, donde contradijo a Trump al señalar que Irán no estaba reconstruyendo sus capacidades de enriquecimiento nuclear tras ser destruidas en un ataque estadounidense conjunto con Israel a mediados del año pasado.

Tras el bombardeo de junio de 2025 en el marco de la “Guerra de los 12 días” entre Estados Unidos e Israel contra Irán, Trump afirmó que las tropas habían destruido completamente las instalaciones nucleares iraníes. Sin embargo, desde el inicio del más reciente conflicto, ha sostenido que Teherán se encontraba a pocas semanas de obtener una bomba atómica.

Las declaraciones de Gabbard ocurrieron un día después de que el director del Centro Nacional contra el Terrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, presentara su renuncia ante Trump, en rechazo al conflicto bélico que su país e Israel encabezan contra el país persa.

“No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, escribió Kent en una carta dirigida al presidente, compartida en su cuenta de la red social X.

El actual conflicto bélico está poniendo en jaque a Trump porque los estadounidenses están pagando las consecuencias de la guerra ante el alza de los combustibles. Actualmente, el galón de gasolina a trepado a más de cuatro dólares promedio en Estados Unidos.

Así, el jefe de la Casa Blanca busca escapar rápido del conflicto. La vía más efectiva sería lograr que Irán acepte un acuerdo que -más allá de la realidad- Trump pueda presentar como una “victoria”. Pero el régimen iraní se siente envalentonado y no parece con ganas de ceder.

Trump analiza varias opciones posibles, como retirarse sin que se reabra el estrecho de Ormuz o una incursión de fuerzas de Estados Unidos en el terreno, lo que escalaría aún más el conflicto. Ninguna de esas alternativas es fácil o rápida, sin tener que enfrentar “un riesgo de escalada”.

En los últimos días Estados Unidos concentró más de 50.000 tropas en el Golfo, incluidos 4.000 marines y la 82va División Aerotransportada, un cuerpo de elite, y muestra así músculo para una posible ofensiva terrestre, aunque limitada. Los lugares más posibles para una invasión terrestre estadounidense serían “tres islas” ubicadas en el estrecho de Ormuz (Abu Musa y las islas Tunb Mayor y Menor). Estas islas son reclamadas por los Emiratos Árabes Unidos, lo que podría utilizarse como justificación para su ocupación y eventual anexión. Trump podría creer que ocupar estas islas le permitirá declarar la victoria y obligar a Irán a hacer concesiones en las negociaciones para su devolución. Sin embargo, ignora los evidentes peligros de cualquier operación terrestre”.

Un desembarco inicial y el mantenimiento del control de las islas no resultará fácil. La capacidad de Irán para lanzar fuego constante de artillería, drones y misiles provocará un elevado número de bajas y también dificultará el refuerzo de las tropas estadounidenses en las islas.

Irán conservará la capacidad, con el apoyo de sus aliados en Irak y Yemen, de atacar las bases estadounidenses en la región, así como la infraestructura energética de los estados árabes del Golfo, especialmente los Emiratos Árabes Unidos.

Trump quiere salir lo antes posible de esta guerra que supuso que sería corta y con apoyo europeo, pero que se prolonga mucho más de lo que deseaba. Pero salvo que consiga un acuerdo diplomático con el que pueda ofrecer una narrativa de victoria, algo que los iraníes no parecen dispuesto a otorgarle, las opciones restantes asoman muy complicadas para un presidente que dirige un “régimen autoritario, belicista, mentiroso y ladrón”.

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