La ética en los gobiernos municipales

Por María Isabel Caero

El gobierno municipal es la institución del Estado más cercana a la sociedad, por lo tanto, es la que más puede solucionar sus problemas cotidianos.

Para ser autoridad municipal es indudable que la persona que aspira a este cargo, en primer lugar, debe ser integra, con valores y ética. Debe tener un compromiso grande con su ciudad y con sus habitantes y trabajar por el bien común. De la misma forma, aparte de tener principios, debe conocer los principales problemas urbanos y las necesidades de la gente. En relación a los problemas urbanos debe pensar que primero está la vida antes que el capital y la visión orientada solo hacia el crecimiento económico y la corrupción descuidando el vivir bien.

La ética en un gobierno municipal es el compromiso de respetar las reglas de un código de ética, así como las disposiciones legales aplicables a sus funciones, favoreciendo, como criterio orientador el bienestar de la sociedad.

El principio de honradez debe avivar la rectitud en el ejercicio del cargo, promoviendo un gobierno abierto que garantice la transparencia y la rendición de cuentas, así como el valor del respeto. 

Para hacer un programa de gobierno debe considerar que las personas que viven en la ciudad son diversas y, por lo tanto, tienen necesidades diferentes. Diversas en situación económica, edad, sexo identidad sexual, diversidad cultural y social. Esto significa también que hombres y mujeres tienen demandas diferentes, por la división sexual del trabajo y por el sistema patriarcal, entonces el trabajo municipal debe orientarse a cerrar brechas de desigualdad. 

Las principales propuestas del Plan Municipal deben orientarse a conseguir el bien común, y debe ser beneficioso para todos los integrantes de una sociedad o comunidad, el bien común contiene como elementos clave el respeto a las personas y a sus derechos fundamentales y a las condiciones sociales y materiales de desarrollo en el marco de una adecuada organización social, que la prioridad sea tener una ciudad para la vida y su sostenibilidad.

Sin embargo, la realidad hasta ahora nos muestra que los valores han cambiado, que solo sirve el dinero y se planifica la mejor manera de sacar dinero de las arcas municipales, usando todos los medios para borrar las corrupciones, se compran y corrompen no solo a las dirigencias de organizaciones sociales sino también de las instituciones privadas y públicas.

No puede haber una buena autoridad municipal sin control, sin someterse al control social y a una verdadera rendición pública de cuentas. No hay integridad cuando no se informa transparentemente y se manipula a las dirigencias urbanas, sociales y privadas para que no identifiquen los malos manejos, cuando no se asignan proyectos en base a convocatorias y asignaciones transparentes y de esta forma se beneficia solo a sus allegados o a dirigentes afines. 

Un buen servidor no tendrá conductas que violen los derechos humanos y no incurrirá en el acoso y la violencia política contra las personas que intentan ejercer su derecho a fiscalizar como manda la CPE.

Por todo esto, es necesario organizar la resistencia comunitaria, para educar y movilizar contra los intentos ilegales contra los derechos y recursos. También se debe oponer a las acciones de privatización del espacio y de los proyectos públicos y no justificar denuncias de robo y corrupción, pues debe haber una advertencia contra los intentos de lucrar con los recursos públicos.

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