Opinión 1

Histórico voto nulo posiciona a la verdadera izquierda

Al Pereyra Tras los comicios presidenciales del domingo 17 de agosto, el voto nulo y blanco lograron un resultado histórico ante la incapacidad, falta de programas políticos por parte de los ocho candidatos en contienda; además, por ser partidos políticos desgastados, desfasados que representaron a la vieja política boliviana. De un total de 7,9 millones de ciudadanos habilitados, 1,2 millones de bolivianos eligieron votar nulo o blanco (20,79%), ubicándose en la tercera posición del conteo nacional, algo nunca visto en la historia de la democracia boliviana. Lamentablemente, los medios de comunicación nacional e internacional han minimizado este resultado. Los candidatos de la derecha que irán al balotaje de octubre próximo, Rodrigo Paz Pereira (Partido Demócrata Cristiano) obtuvieron 1,4 millones de votos (31,33%) y Jorge ‘Tuto’ Quiroga (Alianza Libre), 1,3 millones de votos (27,39%), respectivamente. El descontento de la población, que conforma la Bolivia profunda, con los aspirantes a la presidencia se incrementó antes de las elecciones porque no se sentían representados y consideraron que fueron marginados por no tener un candidato que les brinden esperanza para resolver la incertidumbre que los aquejan. Con un claro programa neoliberal, los ocho postulantes a la Presidencia han omitido problemáticas importantes como la salud, educación, crisis alimentaria en sectores rurales, el desempleo juvenil o la migración interna y externa por razones climáticas y económicas. El electorado que optó por el voto nulo sabía claramente que ninguno de los candidatos aportó nuevas ni significativas propuestas de fondo en sus programas de gobierno para solucionar los problemas económicos, políticos y sociales que aquejan a la población en general. Para entender de fondo el por qué una gran parte de la población boliviana eligió votar nulo fue porque no tenía un candidato que los represente dignamente, puesto que al expresidente Evo Morales se lo inhabilitó de manera ilegal y se tejió sobre su persona una vil campaña de calumnias llenas de mentiras. A esto se suma que muchos opinólogos y analistas políticos de derecha y del gobierno del presidente Luis Arce Catacora no escatimaron esfuerzos y recursos económicos para denigrar la figura política de Morales quitándole incluso la sigla de su partido político que gobernó durante los últimos años. El “error” de Morales fue el haber denunciado, desde el principio de gestión del gobierno de Arce Catacora, diversos actos de corrupción en los que estaban involucrados los hijos del mismísimo presidente de Bolivia. Esto, de hecho, no fue del agrado de Arce Catacora y decidió eliminarlo políticamente a Morales haciendo uso de artimañas con un grupo de jueces de la Suprema Corte de Justicia quienes se habían autoprorrogado en sus funciones pese a que su labor había terminado un año antes de las elecciones. Arce Catacora, quien fue ministro de Economía de Morales, sabía muy bien que si éste se presentaba a las elecciones presidenciales las ganaba ampliamente. Y una vez en el gobierno haría cumplir las leyes y la familia del actual presidente, así como muchos ministros, tendrían que enfrentarse a la justicia y acabarían en prisión por los grandes hechos de corrupción que realizaron utilizando sus influencias políticas. Es una falacia y mentira que se diga que la izquierda perdió en Bolivia por el ego y ansias de poder de Morales por que llamó a votar nulo. Los que piensan así, desconocen las verdaderas causas que motivaron a apostar por el voto nulo. Los evistas consideran que su líder es aún un factor determinante, y han asegurado que ni siquiera la suma de los principales líderes opositores iguala su respaldo. Los que realmente dañaron a la izquierda boliviana son los denominados “Triple A”: Arce (Luis), Andrónico (Rodríguez) y Álvaro (García Linera, exvicepresidente), porque fueron ellos quienes traicionaron a Morales por megalómanos y por sus apetitos personales. La campaña oscura que se cierne contra la figura de Morales no es de ahora, viene de hace mucho tiempo. La derecha recalcitrante, la centro derecha, los racistas, los falsos izquierdistas nunca dejaron de desprestigiar al exjefe de Estado. La verdadera izquierda boliviana, que está encabezada por Morales, entra en un periodo de reflexión y autocrítica con la vista puesta en las elecciones subnacionales, previstas para el año próximo, en las que deberá presentarse con la finalidad de recuperar lo que se ha perdido por causa del “Lawfare” (persecución judicial) que se hizo contra el expresidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

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La Bolivia Profunda apuesta por el voto nulo

Al Pereyra A pocos días para las elecciones presidenciales, el voto nulo y blanco van “in crescendo”, según las últimas encuestas publicadas, ante la incapacidad, falta de programas políticos y desprecio hacia el electorado por parte de los ocho candidatos en contienda y del Tribunal Supremo Electoral (TSE) que, con media docena de ampliaciones de plazo, buscaron que partidos políticos desgastados y desfasados vuelvan a participar en una lid electoral. Los candidatos Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libre), Samuel Doria Medina (Alianza Unidad), y Manfred Reyes Villa (Autonomía para Bolivia APB – Súmate), Andrónico Rodríguez (Alianza Popular), Eduardo del Castillo (MAS), Jhonny Fernández (Alianza Fuerza del Pueblo), Rodrigo Paz Pereira (Partido Demócrata Cristiano) y Pavel Aracena (Alianza Libertad y Progreso ADN), no aportaron nuevas ni significativas propuestas de fondo en sus programas de gobierno sobre aspectos económicos, políticos y sociales. El descontento de la población, que conforma la Bolivia Profunda, con los actuales candidatos se ha incrementado en las últimas semanas porque no se sienten representados y consideran que han sido marginados por no tener un candidato que les brinden esperanza para resolver la incertidumbre que los aquejan. Con un claro programa neoliberal, los ocho postulantes a la Presidencia han omitido problemáticas importantes como la salud, educación, crisis alimentaria en sectores rurales, el desempleo juvenil o la migración interna y externa por razones climáticas y económicas. La última encuesta de intención de voto elaborada por Ipsos-Ciesmori para Unitel emitida la noche del domingo muestra un estrecho empate entre Doria Medina con un 21,2%, seguido por Tuto Quiroga con un 20,0%. El tercer lugar es para Paz Pereira, con un 8,3%; seguido de Reyes Villa con un 7,7% y Rodríguez con un 5,5%. Luego aparecen Fernández con un 2%, Del Castillo con un 1,5%, Pavel Aracena con un 0,5%. Esta encuestadora mostró que el voto residual se distribuye en nulos (14,6%), indecisos (13,3%) y blancos (5,2%). En la primera encuesta presentada el 1 de junio la intención de voto nulo y blanco llegó al 17 %.  El 13 de julio, la segunda encuesta mostró que los votos nulo y blanco sumaban el 20,7 %, mientras que dos semanas después el resultado de los mismos factores, para la tercera encuesta, fue del 21,7 %, es decir un punto porcentual más, lo que marcó una tendencia hacia arriba hasta el 30 de julio. En tanto, la Red Uno también presentó su última encuesta a escala nacional a través de la empresa Captura Consulting en la que Doria Medina lleva la intención del voto con un 21,6%. Seguido de Tuto Quiroga con el 20%; Reyes Villa con el 9,7% obtiene el tercer lugar; mientras que Rodríguez y Rodrigo Paz se colocan en el cuarto y quinto lugar con el 7,2% y 6,4%, respectivamente. En el sexto lugar se ubican, empatados con el 2,0%, Del Castillo y Fernández. Pavel Aracena obtiene un pírrico 0,7% La encuesta de Captura Consulting dio a los votos blancos 5%; los nulos 10,6%; y los indecisos, 14,4%; sumando un total de 30%. El expresidente Evo Morales, al no poder postularse como candidato a la Presidencia por no tener partido y por una inhabilitación ilegal y amañada, llamó a sus seguidores y a todo el país a votar nulo en rechazo a la derecha y al Gobierno de Luis Arce Catacora. Los evistas consideran que su líder es aún un factor determinante, y han asegurado que ni siquiera la suma de los principales líderes opositores iguala su respaldo. El expresidente Morales recalcó que el “voto nulo no sólo es legal y legítimo, sino una expresión de rechazo del pueblo a unas elecciones amañadas, que margina a los movimientos indígenas y sociales y al pueblo, y sólo favorece a los candidatos de derecha”, quienes, junto al gobierno de Arce Catacora, inhabilitaron a partidos políticos que respaldaban su candidatura. El voto nulo está establecido en la normativa boliviana, por eso los jurados electorales tienen la posibilidad de registrarlo. La Ley 026 de Régimen Electoral contempla tres tipos de votos: el válido, que es la marca por una candidatura y que es el único que suma al cómputo para la definición de los ganadores; el voto blanco, que es la papeleta devuelta sin marcas ni daños, y el voto nulo, que presenta marcas en más de una casilla para el mismo cargo, en otras partes de la papeleta, tiene incluso cortes u otras averías. La Constitución Política del Estado (CPE) establece que la candidatura elegida para la Presidencia será por más del 50 % de los votos válidos o con un mínimo del 40 % de los mismos votos, y con una diferencia de 10 puntos con la segunda candidatura. Según la norma vigente, los votos nulos y blancos no ingresan en los votos válidos, y solo son considerados para fines estadísticos de los votos emitidos en un proceso electoral.  En caso de que los votos nulos y blancos sumen la mayoría del proceso, la elección de los nuevos dignatarios se realizará con base en los votos válidos, aunque hayan obtenido minoría. Lo cierto es que, tras los comicios generales, los principales medios de la prensa nacional e internacional abrirán sus ediciones con titulares que indican que en Bolivia ganó el voto nulo, porque se rechaza a los políticos neoliberales, reciclados, falsos izquierdistas y a los partidos de derecha.

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Incapacidad y traición de candidatos empodera al voto nulo

Al Pereyra En un claro desprecio a la ciudadanía y a millones de votantes, tres candidatos presidenciales Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libre), Samuel Doria Medina (Alianza Unidad), y Manfred Reyes Villa (APB – Súmate), de los nueve habilitados, no aportaron nuevas ni significativas propuestas incoherentes en temas como la economía y temas sociales durante el segundo debate televisivo, emitido por el canal televisivo Unitel el domingo 20 de julio. Una semana después, fue el turno para cuatro candidatos a la vicepresidencia: José Luis Lupo (Alianza Unidad), Juan Pablo Velasco (Alianza Libre), Juan Carlos Medrano (APB-Súmate) y Mariana Prado (Alianza Popular), quienes al igual que los anteriores mostraron una gran improvisación, frases hechas, propuestas incoherentes y desconocimiento total de la realidad nacional. Punto aparte fue la ausencia de Andrónico Rodríguez (Alianza Popular) quien faltó nuevamente a un debate político, aumentando la desconfianza y la frustración entre los electores, por lo que la tendencia al voto nulo aumenta más y más a medida que se acerca el 17 de agosto. En el “cara a cara”, los candidatos presidenciales demostraron una vez más su abismal desconexión entre sus programas políticos con la Bolivia profunda que está compuesta por campesinos, obreros, indígenas, mineros, entre otros. En el lenguaje de estos tres candidatos ha quedado en el olvido la soberanía nacional, el valor agregado de los recursos naturales, el impulso de la industria nacional y la continuidad de los bonos sociales para los estratos más desprotegidos de la sociedad. Con un libreto ya establecido, “Tuto” Quiroga, Doria Medina y Reyes Villa repiten una y otra vez su intención de extraer el litio en su forma primaria, sin realizar su respectiva industrialización para entregarlo a las trasnacionales extranjeras. “Tuto” Quiroga y Doria Medina son partidarios de recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en procura de acceder a créditos financieros sin medir las consecuencias sociales para millones de bolivianos. Con un claro programa neoliberal, ninguno de estos candidatos logró vincular sus propuestas a problemáticas imperantes como la salud, educación, crisis alimentaria en sectores rurales, el desempleo juvenil o la migración interna por razones climáticas y económicas. Esta carencia programática refleja no solo la fragilidad de los equipos técnicos que respaldan a los candidatos, sino también una tendencia a priorizar el posicionamiento electoral inmediato sobre la construcción de un proyecto de país a largo plazo. Todos coincidieron en la necesidad de “achicar el Estado” y aumentar la eficiencia del gasto público. Reiteraron promesas genéricas de lucha contra la corrupción, sin precisar mecanismos institucionales ni reformas específicas. Tanto “Tuto” Quiroga como Doria Medina apostaron por la búsqueda de financiamiento externo, señalando como camino un eventual préstamo con el FMI. En tanto, Reyes Villa quiso diferenciarse con una vaga propuesta de atracción de capitales, pero no logró explicar adecuadamente, rechazando recurrir al organismo internacional. Según las últimas encuestas por encargo y difundidas por diferentes medios de comunicación, la suma de la intención de voto entre estos tres candidatos apenas llega al 49,4 por ciento, lo que los convierte en el uno, dos y tres de la criticada contienda electoral. El candidato Rodríguez, cuarto en las encuestas, al no haber participado en el debate pese a que aseguró su presencia, demostró que aún no tiene la capacidad política para enfrentar un “cara a cara” con estos “dinosaurios” de la política nacional. El candidato de Alianza Popular había participado de una entrevista en la Red Uno que fue emitida en el mismo horario del debate. En la entrevista, Rodríguez se mostró un tanto más suelto, pero cometió un grave error al indicar que el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, es un preso político. Resultó sorpresivo escuchar al joven candidato manifestar que Camacho es un preso político del actual gobierno. Recordemos que en 2019, cuando se produjo el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales, fue el mismísimo Camacho quien confesó que fue su padre quien coordinó con los militares apoyar a Jeanine Yáñez. Una clara traición a la población y a las familias de los 37 asesinados y heridos por arma de fuego en las masacres de Huayllani, Senkata y Sacaba, durante los días luctuosos en el que se quebró el proceso democrático que vivía el Estado Plurinacional de Bolivia. El actual contexto electoral está marcado por la polarización y la desconfianza de la población, donde no existe un verdadero programa país que vaya a recuperar la credibilidad en los políticos. Mientras tanto, según los últimos sondeos, el voto nulo va “in crescendo”. La tercera encuesta nacional de Ipsos-Ciesmori por encargo de la red Unitel, difundida la noche del miércoles 30 de julio, mostró que los votos blancos, nulos e indecisos reúnen el 34,1 por ciento, un porcentaje mayor de los candidatos de la derecha que lideran la intención de voto. Los seguidores del expresidente Evo Morales, que impulsan el voto nulo por haber sido impedido de participar de las elecciones, consideran que su líder histórico sigue siendo un factor determinante y aseguran que ni siquiera la suma de los principales líderes opositores iguala su respaldo. Por lo que Morales sigue siendo una figura clave que “todavía va a generar complicación en el escenario político”, no solo en este proceso electoral, sino también en adelante. Ante esta sombría radiografía electoral, vuelvo a repetir “Dios salve a Bolivia” de estos candidatos que no saben dónde están parados y que solo buscan aspiraciones personales valiéndoles un carajo la vida de millones de personas que habitan en las ciudades y áreas rurales del Estado Plurinacional de Bolivia.

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Dios salve a Bolivia de estos candidatos

Al Pereyra El primer debate presidencial organizado por la Red Uno, emitido hace dos semanas por ese medio televisivo, estuvo en proponer una salida a la actual crisis económica que impera en el país, empero dejó sabor a poco puesto que Samuel Doria Media (Unidad), Jorge Quiroga (Libre), Manfred Reyes Villa (Súmate), Jhonny Fernández (Pueblo) y Eduardo del Castillo (MAS), no aportaron propuestas creíbles y de fondo que vayan a solucionar el problema que afecta a millones de bolivianos. Los candidatos, tal si fuera un disco rayado y repitiendo un libreto que hubiera sido redactado por otros fuera de Bolivia, se enfocaron en echar la culpa de la crisis al modelo económico impulsado por el entonces gobierno de Evo Morales. En ningún momento hicieron referencia y se limitaron a omitir los logros sociales y económicos que se lograron en los catorce años que duró la administración de Morales. Constantemente indicaron que el modelo económico vigente en el país desde que el partido político del MAS-IPS  se ha agotado y que no sirve, pero en ningún momento señalaron que la actual crisis económica nacional se debe ante todo a la corrupción imperante en todos las direcciones del gobierno de Luis Arce Catacora, de los millones de bolivianos que gastan en la pauta publicitaria de  medios de comunicación y pago a periodistas para que laven la cara del presidente Arce, del alto índice de déficit fiscal, de la compra de dirigentes y organizaciones sociales, pago de jueves y fiscales y, por sobre todo, del robo a dos manos del erario nacional por parte de los hijos del primer mandatario. En un claro desconocimiento, además porque no les conviene, los cinco candidatos hicieron gala de su ignorancia al no indicar que, durante el gobierno de Morales, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) era del 4,9% anual. Además, la pobreza extrema bajó de 38,2% en 2005 a 15,2% en 2018, mientras que la pobreza moderada también disminuyó de 60,6% en 2005 a 34,6% en 2018, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La ignorancia estadística de los candidatos presidenciales fue clara al no hacer referencia que la tasa de desempleo en 2005 había sido el 8,1%, mientras que alcanzó el 4,9% en 2018, y el salario mínimo en 2019 fue cercano a los 300 dólares, según los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Otro organismo internacional, como el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), indicaba que las buenas cifras se debieron en parte al fortalecimiento de moneda nacional. Recientemente, datos oficiales del INE indicaron que Bolivia cerró 2024 con un crecimiento económico de apenas 0,73%, el tercero más bajo desde 1981, superado solo por los registros de ese año (0,28%) y 1999 (0,43%), lo que demuestra que el gobierno de Arce Catacora más se dedicó a permitir la corrupción en todos los estratos gubernamentales y en su entorno familiar. Ninguno de los candidatos señaló que la crisis económica del país se debe a la mala gestión gubernamental del actual presidente de Bolivia. Los cinco candidatos que estuvieron en el debate presidencial coincidieron sus propuestas de quitar la subvención a los hidrocarburos, medida que ya había sido planteada en 2010 por el entonces presidente Morales. El 26 de diciembre de ese año, Morales tomó una medida sin precedentes, que ni dictadores ni neoliberales se atrevieron: elevar el 82% el precio del diésel y en 72% para la gasolina. El Decreto Supremo 748, que eliminaba la mayoría de los subsidios al combustible estuvo vigente cinco días, fue denominado «nivelación de precios» por el gobierno, pero la oposición y la ciudadanía lo llamaron «gasolinazo». El decreto, emitido por el presidente interino Álvaro García Linera, provocó protestas y movilizaciones impulsado principalmente por los partidos de derecha y de agrupaciones políticas racistas y anti indigenistas, llevando finalmente a la abrogación del decreto el 31 de diciembre del mismo año. Morales anunció la anulación del controvertido decreto como resultado de haber “escuchado al pueblo”. En la presentación de su propuesta económica, del debate de la Red Uno, ‘Tuto’ Quiroga señaló que recurrirá al Fondo Monetario Internacional (FMI) para tener estabilidad, crecimiento, propiedad y el ingreso al mundo digital. Eduardo del Castillo basó su propuesta de gobierno en el programa “Bolivia Primero: Plata y Vida”. En tanto, Manfred Reyes dijo que cambiará el Estado plurinacional mediante un referéndum. Por su parte, Jhonny Fernández cuestionó las políticas económicas aplicadas en el pasado y propuso reformar el Código Tributario y la Ley de Inversiones para crear un nuevo marco que permita la reactivación económica. Finalmente, Doria Medina recurrió a su rol como empresario y dijo que tiene la experiencia en “hacer proyectos exitosos, en generar empleo y en sacar a empresas de la quiebra”. Con estas propuestas solo queda decir “Dios salve a Bolivia” de esta clase de candidatos que no saben dónde están parados y que solo buscan aspiraciones personales valiéndoles un carajo la vida de millones de bolivianos.

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Poder, corrupción y medios comprados

Al Pereyra En los cuatro años de gestión de Luis Arce Catacora, su gobierno ha realizado una infinidad de gastos públicos entre los que destacan el alto número de funcionarios públicos, el pago a dirigentes sindicales y federaciones de campesinos, y sobre todo, el aumento de la pauta publicitaria en diferentes medios televisivos, radiales y escritos; además de cooptar periodistas ‘independientes”. Durante los catorce años del gobierno de Evo Morales, éste había roto cualquier vínculo de publicidad con los medios de comunicación. Su administración no erogó ni un solo boliviano, por contrato publicitario, a los llamados medios ‘independientes’. Lo que significó que los propietarios de estos medios le declaran una guerra sin cuartel, privándolo de cualquier cobertura, pero sí destacando y magnificando los desaciertos de la entonces administración gubernamental. Antes de salir de la red de Facebook, la radioemisora Kawsachum Coca, medio afín a Morales, había realizado una denuncia dando a conocer como el gobierno de Arce Catacora había aprobado un millonario gasto en contratos publicitarios con medios de comunicación nacionales e internacionales. La denuncia tenía como fuente los documentos oficiales del Programa Anual de Contrataciones (PAC), emitidos por el Viceministerio de Comunicación. Según el medio, la fecha de inicio de los contratos data el 2 de mayo del presente año con el objetivo de promover la imagen gubernamental en televisión, radio, prensa escrita, medios digitales y vallas publicitarias. Entre los contratos más destacados se encuentran: ATB Canal del Valle: 16,5 millones de bolivianos, Plataformas Digitales de Entel: 7 millones, PAT: 6 millones, Bolivia TV: 4 millones, Red Uno: 3 millones, Cadena A: 3 millones, Gigavisión (propiedad del padre del periodista Junior Arias): 2,5 millones, Telesur (dirigido por Freddy Morales): 1 millón, periódico Los Tiempos: 1 millón, Radio Univalle: 1 millón, Trystar Investment SRL (La Prensa): 1 millón. Kawsachum Coca también indica que hay contratos menores asignados a espacios como el programa “Fama, Poder y Ganas” por 300.000 bolivianos, Radio Éxito La Paz por 100.000, semanario La Época, dirigido por Hugo Moldiz con 300.000 y medios como Radio Televisión Palenque RTP, con un contrato de 4 millones. Además, de vallas publicitarias por un monto de 2 millones de bolivianos. Además, se denuncia que cada medio de comunicación debe entregar al Viceministerio de Comunicación, bajo la dirección de Gabriela Alcón, el 20 por ciento por concepto de los contratos publicitarios. Esta política de comunicación del gobierno contrasta con la realidad social del país, donde el desempleo, el aumento del coste de vida, la falta de diésel, gasolina, dólares y la reducción de reservas internacionales golpean fuertemente la vida de millones de bolivianos. No es casual que ninguno de estos medios señalados no haya realizado ninguna cobertura, reportaje, o informes especiales a las denuncias de corrupción en las que estarían involucrados la familia, en especial los hijos, del presidente de Bolivia. Recordemos que el hijo mayor de Arce Catacora, Marcelo Arce Mosqueira, es señalado por sus presuntos lobbys con empresas extranjeras para negociar el litio boliviano. Además, de ser el dueño y señor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Asimismo, su otro hijo, Rafael Ernesto Arce Mosqueira, adquirió en 2021 el predio ‘Empresarial y agrícola Adán y Eva’, con una extensión de 2.187 hectáreas por un valor de 3,3 millones de dólares en el departamento de Santa Cruz, a pocos meses de haber dejado su cargo en el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas. El caso de ‘Adán y Eva’ se suma a una serie de cuestionamientos recientes sobre el rol de los familiares de autoridades en el manejo de recursos y acceso a oportunidades económicas, sobre todo a negocios realizados con compras estatales de combustible. Hasta ahora, ni la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) ni la Contraloría General del Estado se han pronunciado sobre la operación, pese a que sus funciones incluyen la supervisión del patrimonio de exfuncionarios públicos y sus entornos cercanos. Por otra parte, el pasado año, diputado ‘evista’, Renán Cabezas, había pedido al Ministerio Público investigar a Diego Choquehuanca, hijo del vicepresidente David Choquehuanca, porque en 2014, con 25 años de edad, presuntamente compró una casa en 300.000 dólares y posteriormente adquirió un préstamo bancario de 1 millón de bolivianos. Cabezas denunció, en su momento, que para distraer la atención de la justicia, el bien inmueble fue vendido, en ese entonces, al entonces Procurador del Estado, César Siles, y hasta hace unos días atrás ministro de Justicia, en un monto también considerable. Ahora corresponde a los periodistas y los medios de comunicación investigar estas denuncias que involucran a las familias Arce Catacora y Choquehuanca, no hacerlo demostrará que realmente están pagados por el gobierno, dejando mucho que desear de los que dicen ser portadores de una ‘prensa libre e independiente’.

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Legado político y ético de Mujica

Al Pereyra La desaparición física de José “Pepe” Mujica debería marcar un antes y un después en todos los políticos de América Latina y del mundo. Su legado como líder y activista, que luchó por cambiar su Uruguay natal y todo un continente, estuvo siempre ligado fielmente a sus principios que guiaron su vida: la humildad, la austeridad, la coherencia, la honestidad y la cercanía en todo momento al pueblo. Su pasado guerrillero, aunque controversial, lo humanizó para muchos. Demostró que sus ideales no eran mera retórica, sino el fruto de una vida de riesgo y convicción. Empero, también generó críticas de sectores conservadores que cuestionaban sus raíces radicales, una tensión que limitó su influencia entre las élites tradicionales. Este trasfondo explica su enfoque empático y su rechazo al poder por el poder mismo. La trayectoria de Mujica comenzó en los convulsos años 60 como miembro de los Tupamaros, un grupo guerrillero marxista que desafió el régimen oligárquico de Uruguay. Sus catorce años en prisión, incluyendo más de una década en aislamiento brutal, forjaron su cosmovisión, transformando su fervor revolucionario en un compromiso profundo con el diálogo y la humanidad. Esta evolución -de militante armado a estadista pragmático- dotó de credibilidad a su presidencia, con sacrificio y resiliencia. En sus intervenciones en foros internacionales a los que acudió, el “Pepe” dejó una influencia transformadora entre los jóvenes políticos que buscan alcanzar el ideal que otro mundo es posible. Mantuvo un liderazgo inspirador a través de su austeridad y lenguaje directo que establecieron un estándar de liderazgo ético, motivando a líderes emergentes y movimientos sociales a priorizar la ética y la moral sobre el poder. Supo entablar una conexión intergeneracional con su mensaje que unió a jóvenes activistas, intelectuales y académicos, ofreciendo una guía práctica en una región donde los liderazgos suelen estar polarizados. Así, en un discurso a docentes y estudiantes de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, pronunciado en junio de 2013, expresó: “Tengo que hacerme esta pregunta ¿qué es la libertad? Mi definición casera de viejo es la siguiente: soy libre cuando gasto el tiempo de mi vida en lo que me gusta, en lo que me motiva; para uno será una cosa, para otro será otra; pero mientras tenga que luchar por elementos materiales para sostener mi vida, no soy libre, estoy sometido a la ley de la necesidad”. Durante los cinco años que estuvo al mando de Uruguay (2010-2015) dejó muy claro que la política debe ser un servicio al otro, un acto de sacrificio, y no un juego interesado de poder. Su vida, marcada por el encarcelamiento, la pobreza y el amor a la libertad, es la prueba viviente de que las grandes transformaciones no son utopías. En foros como en la ONU, las reflexiones de Mujica sobre el consumismo y la felicidad humana proyectaron un poder blando ético, invitando a repensar valores en un mundo en crisis. Durante la tercera cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) el 28 de enero de 2015, efectuado en Belén, Costa Rica, Mujica expreso: “Confío mucho más en la necesidad de construir, a largo plazo, corrientes políticas que seleccionen a las personas, no en función de su triunfo material, sino de su triunfo moral. Para que una sociedad avance de manera sana es necesario que la mayor parte de su dirigencia política esté comprometida tanto ética como moralmente. No debemos entrar en la alta política para hacer negocios o para vivir mejor, sino para comprometernos seriamente con las causas de la gente”. Ahora que Bolivia vive un proceso electoral, los políticos que buscan la presidencia del Estado Plurinacional deberían tomar en cuenta una reflexión de Mujica cuando se refiere al deber ético de la política. Lamentablemente, los políticos bolivianos, tanto de derecha, de centro y los que dicen ser de izquierda carecen de ética y moral. Sin dudas, el pragmatismo y el accionar de “Pepe” Mujica en la política y en su vida personal lo encumbraron a una posición alta, cargada de ética y moral, donde no todos los políticos pueden llegar. Latinoamérica y la humanidad perdieron a un hombre progresista, estadista, guerrillero y político a cabalidad que supo brillar con luz propia en un mundo sombrío, corrupto, consumista, lleno de traiciones y ambiciones.

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Evo y la juez Moreno condenados a la muerte civil

Martillando la Vitrina Fracasó el fusilamiento con 18 disparos de fusil de guerra (27 de octubre de 2024). No celebraron el asesinato predicho. Ahora, el linchamiento de la juez Lilian Moreno Cuellar, por actuar en justicia y ley, enferma y atacada brutalmente por actuar con dignidad y legalidad. Morales y Moreno -condenados sin proceso previo ni derecho a la presunción de inocencia y sin haber sido oída y juzgada previamente en un debido proceso- comparten el sufrimiento del paredón del linchamiento político y mediático, con sentencia anticipada, antes que la penal, con la pena de muerte civil. La juez Moreno tuvo el valor civil y judicial de dictar una sentencia de corrección del indebido proceso penal contra Evo Morales: Que sea juzgado -sin anular el proceso- por un “juez natural”, es decir el juez que le corresponde en donde vive, trabaja, su casa, su vida familiar y social, antes de detenerlo, encarcelarlo y ejecutarle en sentencia. Morales Ayma es procesado por el delito de abuso sexual -antes calificado de violación sexual- por la fiscalía de Tarija sin que hubiera víctima; víctima que juró por escrito que nunca fue víctima de Evo; ahora las víctimas son los dos Morales del poder político de la Presidencia, Ministerio de Gobierno, Ministerio de Justicia, Tribunal Supremo de Justicia, Consejo de la Judicatura, del Tribunal Supremo Electoral, de la fiscalía general, de la Policía Boliviana, de la COB arcista, del MAS impostor y, la carroña publicitaria de periodistas “independientes”. ¿No vieron? Evo, tan sano y fuerte, sabedor de su inmenso y abnegado apoyo popular, dijo estar consciente del grave peligro que enfrenta de las manos de sus antiguos amigos, camaradas, compañeros, servidores públicos, ministros, candidatos, compadres -todos desleales y traidores, por sus deseos criminales de matarlo, asesinarlo. La juez Lilian Moreno Cuellar se apegó a la ley y dicto sentencia: que Evo Morales se defienda en justa medida ante juez natural, neutral, probo, justo, transparente, respetando los principios de presunción de inocencia y derecho a ser oído y escuchado. La reacción fue brutal, despiadada. Todo el aparato político, policiaco, judicial y para militar de Luis Arce Catacora se volcó en destrucción de la valiente mujer jurista. La juez, como muy pocos, actuó leal a los principios éticos y legales de las normas que rigen la actuación de todo juez de la tierra: -Los jueces resolverán los asuntos que conozcan con imparcialidad, basándose en los hechos y en consonancia con el derecho, sin restricción alguna y sin influencias, alicientes, presiones, amenazas intromisiones indebidas, sean directas o indirectas, de cualesquiera sectores o por cualquier motivo. -Toda acusación o queja formulada contra un juez por su actuación judicial y profesional se tramitará con prontitud e imparcialidad con arreglo al procedimiento pertinente. El juez tendrá derecho a ser oído imparcialmente. (Independencia de la Judicatura – Asamblea General de la ONU) -Todas las autoridades, instituciones y organismos nacionales o internacionales, así como las organizaciones sociales, económicas y políticas, deben respetar y hacer efectiva la independencia de la judicatura. -La utilización de los medios de comunicación social con el objeto de suplantar funciones jurisdiccionales, imponer o influir el contenido de las resoluciones judiciales, en condiciones que excedan el legítimo derecho a la libertad de expresión e información, se considera lesiva para la independencia judicial. -Los jueces tienen el deber de cumplir y hacer cumplir el principio del debido proceso, (Estatuto del Juez Iberoamericano) El olvido premeditado y la violación de la ley se reflejó en condenar a Evo Morales y Lilian Moreno. El poder político de facto se ríe de estos mandatos constitucionales: – Se garantiza la presunción de inocencia. Durante el proceso, en caso de duda sobre la norma aplicable, regirá la más favorable al imputado o procesado. – Ninguna persona puede ser condenada sin haber sido oída y juzgada previamente en un debido proceso. Nadie sufrirá sanción penal que no haya sido impuesta por autoridad judicial competente en sentencia ejecutoriada. (Constitución Política del Estado). Hoy, el poder omnímodo de Luis Arce Catacora se expresa en el objetivo material de eliminar a Evo Morales, sea físicamente, por fraude electoral o por medio de la infamia y muerte civil, es decir considerarlo muerto antes de las elecciones de agosto. Olvidaran el mandato constitucional que dice: “Ninguna persona puede ser condenada sin haber sido oída y juzgada previamente en un debido proceso” y “está prohibida la infamia, la muerte civil y el confinamiento”.

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¿Y dónde está el dólar?

Al Pereyra A principios de los años ochenta se estrenó una película de género comedia titulada “Y dónde está el piloto”, en la que el piloto del vuelo de Trans American, al igual que los pasajeros sufre una intoxicación alimentaria, deja de pilotear la aeronave desatando el pánico entre los pasajeros. El título de ese filme muy bien podría asociarse a la actual coyuntura nacional, donde millones de bolivianos se preguntan: “Y dónde está el dólar”. El filme es una comedia; en cambio, la realidad económica boliviana es una tragedia. Después de cuatro años de constantes mentiras, el presidente Luis Arce Catacora admitió que su Gobierno no dispone de los suficientes dólares para importar combustibles que gran falta hace al país. Por más de tres años, la actual Administración política aprovechó cualquier acto para afirmar que la economía nacional era una de las más estables de la región y que la industrialización nacional avanzaba a “paso de parada”. Sin embargo, la realidad era otra, pues la falta de dólares se profundizó, la supuesta industrialización no daba frutos, y la escasez de combustibles se ha convertido en el pan de cada día. La escasez de carburantes es por la iliquidez existente y no por factores externos como quiso hacer creer el Gobierno. Causaba vergüenza escuchar a Arce Catacora cuando se refería, hace unos meses atrás, que una empresa de industrialización de papa instalada en la ciudad de El Alto estaba produciendo y comercializando papas en todos sus derivados. Faltó un poco para que el presidente diga que las papas fritas eran más crujientes y más sabrosas que las famosas Lays. La grave situación económica por la que atraviesa el país se debe a que el gobierno de Arce Catacora no se preocupó en administrar correctamente los casi 14 mil millones de dólares que habían sido captados durante la presidencia del expresidente Evo Morales. El actual Gobierno gastó los recursos económicos en desprestigiar a su antecesor, comprando conciencias políticas, pagando grandes sumas de dinero a dirigentes sindicales, inflando el aparato estatal, aumentando la pauta publicitaria en medios de comunicación y pagando sumas astronómicas a periodistas para que escriban o hablen loas a favor de la Administración Arce Catacora. A esto se suma la galopante corrupción del cual están involucrados diferentes personajes gubernamentales; además, de las constantes denuncias de corrupción que involucran al entorno familiar del presidente. El diputado del ala evista, Héctor Arce, constantemente se refiere a hechos de corrupción en el que estarían involucrados Marcelo Arce Mosqueira y Rafael Arce Mosqueira (hijos del presidente Arce Catacora). Las denuncias contra Marcelo están encaminadas a supuestos negocios relacionados con Yacimientos Petrolíferos Fiscales bolivianos (YPFB) en la compra de gasolina y diésel, mediante una empresa registrada con “palos blancos”. También es señalado en beneficiarse con los contratos de adjudicación a empresas chinas y rusas con la explotación del Litio. Con relación a Rafael, el diputado afirma que éste ha realizado 24 viajes en un año a diferentes países del mundo con un gasto estimado de medio millón de bolivianos en pasajes y estadía; además, pidió al fiscal general de la Nación realizar una investigación de ambos casos por ganancias ilícitas. Recientemente, el portal digital argentino Letra P reveló un presunto esquema de corrupción en la venta de combustibles, que involucraría a la familia del presidente Luis Arce y al grupo empresarial Valdivia. Según el medio, en Bolivia opera un esquema de intermediación de combustible a través de Botrading, una subsidiaria de YPFB instalada en Paraguay. Esta empresa habría comprado combustible a precios inflados, generando presuntas ganancias ilícitas para un círculo de poder ligado a Marcelo Arce Mosqueira y al empresario Eduardo Valdivia, propietario del periódico cochabambino Los Tiempos. En Cochabamba se habla de la conformación de una nueva casta de jóvenes políticos unidos por sus vínculos de amistad que tratarán, en el mediano plazo, de hacerse con el poder: los Arce Mosqueira, los Valdivia y los Reyes Villa (hijos del actual alcalde Manfred Reyes Villa).

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La hipocresía democrática de un traidor

Por Atilio A. Boron  Confieso que en las muy pocas ocasiones en que utilicé ese vocablo “traidor” para referirme a Mario Vargas Llosa siempre me invadió una ligera, aunque molesta, sensación de incomodidad. Estaba en presencia de un personaje veleidoso y narcisista como pocos. Había militado en el comunismo peruano en su adolescencia, luego saltó a la democracia cristiana y tras el triunfo de Movimiento 26 de Julio adhirió a la Revolución Cubana. En 1967 comienza un lento crepúsculo ideológico que, sin embargo, sólo se convertiría en noche oscura después de 1971. Hasta esa fecha sus declaraciones públicas –la famosa entrevista con César Hildebrandt de Mayo de 1971, incorporada a este volumen- en defensa de Cuba eran terminantes, me atrevería a decir ejemplares: “una sociedad más justa que cualquier otra sociedad latinoamericana” es la síntesis de su valoración de la Revolución Cubana. Pero lo largo de esa década se produce una lenta y radical metamorfosis y se consuma su conversión al ideario neoliberal. Sus dos encuentros con Margaret Thatcher y Ronald Reagan dejaron huellas profundas en su conciencia política, marcando un antes y un después en su vida política. [1] No obstante, hay un hecho traumático que desencadena su odio, su resentimiento y su furia contra cualquier actor o proceso con signo izquierdista: el repudio de sus compatriotas que se inclinaron a favor de Alberto Fujimori en la crucial elección presidencial peruana de 1990. Durante buena parte de esa campaña electoral Vargas Llosa aparecía en todos los sondeos con amplia ventaja en las preferencias populares. Sus rivales más próximos eran el aprista Luis Alva Castro y, bastante más lejos, dos figuras de la izquierda como Henry Pease García y Alfonso Barrantes. Mucho más abajo, en el desesperanzado pelotón del 1 % figuraba un ignoto ingeniero agrónomo peruano-japonés, Alberto Fujimori. Sin embargo, éste comenzó a separarse del resto, y a un mes de las elecciones ya contaba con el apoyo del 10 % de sus conciudadanos. En las últimas dos semanas su crecimiento fue astronómico, y cuando se contaron los votos de la primera vuelta logró colarse al balotaje alcanzando un absolutamente inesperado 29 % de los votos, contra un 33 % del escritor. Eso fue apenas el “vestíbulo del infierno”, para utilizar palabras de Dante Alighieri, porque Vargas Llosa descendería sin retorno al averno el 10 de Junio de 1990 cuando en el balotaje el “chinito” (así se refería despectivamente el escritor a su oponente) le propinó una paliza inolvidable cosechando el 62 % de los votos y consagrándose presidente del Perú. Poco tiempo después Vargas Llosa abandonaba el país, se instalaba en Madrid y, ante la posibilidad de que los rumores que aseguraban que Fujimori le quitaría la nacionalidad peruana fuesen verdaderos, optó por conseguir la nacionalidad española. Después de eso lo colmaron de honores, dinero, el Nobel, el marquesado, pero su resentimiento contra las peruanas y los peruanos que acabaron con sus ambiciones presidenciales no haría sino crecer y agriarse con el paso del tiempo. Durante los siguientes 31 años el escritor fue un enemigo acérrimo de Fujimori, quien cumple en la actualidad 25 años de cárcel por delitos cometidos durante su mandato como presidente. Las acusaciones del escritor eran terribles. Dictador era el dardo más suave que le arrojaba; corrupto; ladrón; mafioso; padre de una constitución que facilita el despotismo y ahoga la democracia y las libertades. La hija de Fujimori, Keiko, que deberá enfrentarse a Pedro Castillo en la segunda vuelta electoral, no quedó a salvo de las invectivas del novelista: participó, “de manera muy directa, beneficiándose de la dictadura, y está acusada por el Poder judicial de haber lucrado con la Operación Lava Jato, de la que habría recibido dinero, por lo cual el Poder Judicial ha pedido para ella treinta años de cárcel.”[2] No sólo esto, como lo recuerda Diego Salazar en un artículo publicado por el Washington Post, en el Perú “llevamos casi dos décadas escuchándolos (al escritor y a su hijo Álvaro) decir cosas como: ‘Yo por (Keiko) Fujimori no voy a votar nunca. Creo que sería deshonroso que los peruanos reivindicaran una de las dictaduras más atroces que hemos tenido.’ ” [3] Pese a estas circunstancias que lo impulsaron a “combatir al fujimorismo de manera sistemática” Vargas Llosa se hunde sin falsos escrúpulos en la deshonra y aconseja que en las próximas elecciones “los peruanos deben votar por Keiko Fujimori, pues representa el mal menor y hay, con ella en el poder, más posibilidades de salvar nuestra democracia, en tanto que con Pedro Castillo no veo ninguna.” En principio no se trata de un cheque en blanco porque el escritor necesita salvar las apariencias estableciendo una serie de condiciones –que él sabe que Keiko no cumplirá- para apoyar a la hija del dictador. Así exige que ésta “se comprometa, en nombre de estas libertades públicas que dice defender ahora, a respetar la libertad de expresión, a no indultar a Vladimiro Montesinos, responsable de los peores crímenes y robos de la dictadura, a no expulsar ni cambiar a los jueces y fiscales del Poder Judicial, que han tenido en los últimos tiempos una actitud tan gallarda en defensa de la democracia y los derechos humanos, y, sobre todo, a convocar a elecciones al término de su mandato, dentro de cinco años.” Volviendo al autor de La Divina Comedia hay que recordar que Alighieri reservó el círculo más gélido y lacerante del infierno a los traidores. El castigo que estos sufren en el noveno y último círculo es más doloroso que el de todos los demás; su pecado es superlativo, no sólo imperdonable. En el caso de Vargas Llosa habría que hablar de una insalubre propensión a la traición. Hoy reitera la misma actitud y quienes se sentían representados por sus feroces críticas y diatribas en contra del fujimorismo ahora leen, pasmados, que ante la “amenaza” de un triunfo de la izquierda, se pasa de bando con total impudicia y erige a la tan odiada y corrupta Keiko Fujimori como una suerte de

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A propósito de la guerra cognitiva y la necesaria batalla cultural

Por Inti Moya A. En los últimos tiempos se puso de moda el concepto de la guerra cognitiva y con razón, ya que caracteriza a los tiempos que corren. Hoy en día es cada vez más inusual las intervenciones militares o golpes militares, aunque aún los hay, siendo remplazados por los llamados golpes blandos, como los casos de Zelaya en Honduras 2009, Lugo en Paraguay 2012, Dilma en Brasil 2016, Castillo en Perú 2022, etc. O bien el golpe de estado a Evo Morales del 2019, todos casos en los que los medios de comunicación y las redes sociales jugaron un rol trascendental en la desestabilización política. Estos medios de comunicación y redes sociales son los principales señalados en la guerra cognitiva, porque son los encargados de posesionar la narrativa de la historia desde el punto de vista occidental pro imperialista en el imaginario colectivo. Pero no son los únicos actores, la guerra cognitiva va gestándose mucho antes del boom de las redes sociales por medio de la batalla cultural realizada por EEUU contra todo aquel que ose enfrentarse a sus políticas e intereses económicos, por medio del cine, la música, la literatura y en general, todos los campos que componen la esfera cultural. Por ejemplo, EEUU posesiona su visión del mundo a través de Hollywood, nos cuenta la historia de la guerra de Vietnam desde los ojos de Rambo. O el hecho de que para la serie “El comandante” sobre la vida de Hugo Chávez, elijan de protagonista al mismo actor que interpreto años antes a Pablo Escobar en una serie muy famosa “El patrón del mal”, no es una inocentada, es un intento de asemejar la figura del revolucionario Hugo Chávez con el narcotraficante Pablo Escobar. O el dizque comedia “The Interview” en donde unos agentes estadounidenses se proponen asesinar al presidente de Corea del Norte Kim Jong Un, ¿Se supone que debería hacernos gracia la apología al magnicidio de un presidente que no se inclina ante la bota norteamericana? En ocasiones la propaganda norteamericana es muy explicita, como el ejemplo señalado anteriormente, pero en muchos casos no es tan explicita. Cuando nos preguntamos ¿cómo es posible que Estados Unidos haya podido posesionar su cultura en el mundo entero como la cultura modelo?, ¿cómo posesionó el sueño americano en las aspiraciones de millones de migrantes del mundo entero? La respuesta está en nuestros patrones de consumo cultural, básicamente inundándonos hasta el hartazgo de cultura americana o pro americana. Cuando prendemos la televisión para disfrutar una película, y no tenemos más oferta que el cine made in USA, cuando la música de moda para la juventud promueve el individualismo y consumismo haciendo gala de lujosos autos, mujeres encueradas y derroche de dinero en videoclips, cuando las noticias producidas por prestigiosas cadenas televisivas son retransmitidas por la señal local de todos los países del mundo, en síntesis, cuando la música, las películas, la literatura y demás formas artísticas que consume la juventud se vuelve la “cultura universal”, cuando todos ven y escuchan lo mismo, tienden a pensar lo mismo. Ahí el gran logro de la propaganda imperialista, ser capaz de lograr que todo el mundo se vuelva consumidor de su propaganda, sin ser conscientes de que efectivamente están siendo adoctrinados. Un trabajo ideológico permanente, y a la vez invisible. Dar de comer a todos lo mismo, culturalmente hablando, para crear una generación homogénea, dócil y fácil de manipular. Pero ¿qué hacer ante esta realidad? Precisamente luchar por cambiar los patrones de consumo cultural, cambiar la óptica con que pensamos el mundo del entretenimiento y la cultura. Si los gringos producen una película de acción glorificando a los marines norteamericanos como héroes, nosotros difundimos las películas que denuncian las agresiones imperialistas de esos mismos marines. Si ellos producen música que promueve el individualismo, el consumismo y la aspiración a volverse rico, nosotros promovamos la solidaridad, la justicia social y la equidad, si su literatura promueve cowboys, personajes ficticios todo poderosos como Superman, nosotros promovamos a nuestros héroes populares, luchadores sociales de carne y hueso qué pusieron su sangre por un mundo mejor. En definitiva, si ellos proponen la defensa del status quo del orden capitalista, nosotros propongamos la destrucción de este sistema tan inhumano para la construcción de un sistema más humano. Se debe producir nuevo contenido y material revolucionario, pero no hay que perder de vista que en gran medida ese material ya existe y se encuentra olvidado sin que se le dé su debida importancia, lo que hace falta en muchos casos, es difundir y valorar el trabajo de aquellos cineastas, músicos, escritores y demás que, en vez de recurrir a un enfoque comercial tradicional, optan por el camino difícil, de hacer arte comprometido con el pueblo. Esta tarea de cambiar los patrones de consumo cultural implica una fuerte propaganda con estrategias a corto y largo plazo, primero que nada, implica comenzar cambiando nosotros mismos y posteriormente propagandear en nuestro entorno, como diría el grupo de murga uruguaya: “si vos no cambias algo, no cambia nada, ni aunque tu presidente sea Fidel”. A corto plazo debemos fomentar y multiplicar los festivales de cine, canto, teatro, poesía y demás formas artísticas que brinden una alternativa a la cultura dominante pro capitalista, un ejemplo de esto lo encontramos en el reciente festival de la internacional antifascista realizado en Venezuela del 9 al 11 de enero, cultivando en la juventud la semilla de la revolución. Venezuela es uno de los mejores ejemplos de un país asediado continuamente por la guerra cognitiva y que a pesar de todo su revolución perdura, quizás la razón detrás de esto la podemos encontrar en el continuo trabajo ideológico realizado en sus juventudes a lo largo de toda una generación. Por otro lado, con una visión más a largo plazo, debemos volver nuestra cultura anticapitalista parte del consumo de masas, penetrando en las grillas de TV y radio, no compartiendo espacio, sino quitándole espacio a la programación imperialista de forma radical, purgando aquel material contrarrevolucionario diseñado

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