Al Pereyra
En un claro desprecio a la ciudadanía y a millones de votantes, tres candidatos presidenciales Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libre), Samuel Doria Medina (Alianza Unidad), y Manfred Reyes Villa (APB – Súmate), de los nueve habilitados, no aportaron nuevas ni significativas propuestas incoherentes en temas como la economía y temas sociales durante el segundo debate televisivo, emitido por el canal televisivo Unitel el domingo 20 de julio. Una semana después, fue el turno para cuatro candidatos a la vicepresidencia: José Luis Lupo (Alianza Unidad), Juan Pablo Velasco (Alianza Libre), Juan Carlos Medrano (APB-Súmate) y Mariana Prado (Alianza Popular), quienes al igual que los anteriores mostraron una gran improvisación, frases hechas, propuestas incoherentes y desconocimiento total de la realidad nacional. Punto aparte fue la ausencia de Andrónico Rodríguez (Alianza Popular) quien faltó nuevamente a un debate político, aumentando la desconfianza y la frustración entre los electores, por lo que la tendencia al voto nulo aumenta más y más a medida que se acerca el 17 de agosto.
En el “cara a cara”, los candidatos presidenciales demostraron una vez más su abismal desconexión entre sus programas políticos con la Bolivia profunda que está compuesta por campesinos, obreros, indígenas, mineros, entre otros. En el lenguaje de estos tres candidatos ha quedado en el olvido la soberanía nacional, el valor agregado de los recursos naturales, el impulso de la industria nacional y la continuidad de los bonos sociales para los estratos más desprotegidos de la sociedad. Con un libreto ya establecido, “Tuto” Quiroga, Doria Medina y Reyes Villa repiten una y otra vez su intención de extraer el litio en su forma primaria, sin realizar su respectiva industrialización para entregarlo a las trasnacionales extranjeras. “Tuto” Quiroga y Doria Medina son partidarios de recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) en procura de acceder a créditos financieros sin medir las consecuencias sociales para millones de bolivianos.
Con un claro programa neoliberal, ninguno de estos candidatos logró vincular sus propuestas a problemáticas imperantes como la salud, educación, crisis alimentaria en sectores rurales, el desempleo juvenil o la migración interna por razones climáticas y económicas. Esta carencia programática refleja no solo la fragilidad de los equipos técnicos que respaldan a los candidatos, sino también una tendencia a priorizar el posicionamiento electoral inmediato sobre la construcción de un proyecto de país a largo plazo.
Todos coincidieron en la necesidad de “achicar el Estado” y aumentar la eficiencia del gasto público. Reiteraron promesas genéricas de lucha contra la corrupción, sin precisar mecanismos institucionales ni reformas específicas. Tanto “Tuto” Quiroga como Doria Medina apostaron por la búsqueda de financiamiento externo, señalando como camino un eventual préstamo con el FMI. En tanto, Reyes Villa quiso diferenciarse con una vaga propuesta de atracción de capitales, pero no logró explicar adecuadamente, rechazando recurrir al organismo internacional.
Según las últimas encuestas por encargo y difundidas por diferentes medios de comunicación, la suma de la intención de voto entre estos tres candidatos apenas llega al 49,4 por ciento, lo que los convierte en el uno, dos y tres de la criticada contienda electoral.
El candidato Rodríguez, cuarto en las encuestas, al no haber participado en el debate pese a que aseguró su presencia, demostró que aún no tiene la capacidad política para enfrentar un “cara a cara” con estos “dinosaurios” de la política nacional. El candidato de Alianza Popular había participado de una entrevista en la Red Uno que fue emitida en el mismo horario del debate. En la entrevista, Rodríguez se mostró un tanto más suelto, pero cometió un grave error al indicar que el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, es un preso político.
Resultó sorpresivo escuchar al joven candidato manifestar que Camacho es un preso político del actual gobierno. Recordemos que en 2019, cuando se produjo el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales, fue el mismísimo Camacho quien confesó que fue su padre quien coordinó con los militares apoyar a Jeanine Yáñez. Una clara traición a la población y a las familias de los 37 asesinados y heridos por arma de fuego en las masacres de Huayllani, Senkata y Sacaba, durante los días luctuosos en el que se quebró el proceso democrático que vivía el Estado Plurinacional de Bolivia.
El actual contexto electoral está marcado por la polarización y la desconfianza de la población, donde no existe un verdadero programa país que vaya a recuperar la credibilidad en los políticos.
Mientras tanto, según los últimos sondeos, el voto nulo va “in crescendo”. La tercera encuesta nacional de Ipsos-Ciesmori por encargo de la red Unitel, difundida la noche del miércoles 30 de julio, mostró que los votos blancos, nulos e indecisos reúnen el 34,1 por ciento, un porcentaje mayor de los candidatos de la derecha que lideran la intención de voto.
Los seguidores del expresidente Evo Morales, que impulsan el voto nulo por haber sido impedido de participar de las elecciones, consideran que su líder histórico sigue siendo un factor determinante y aseguran que ni siquiera la suma de los principales líderes opositores iguala su respaldo. Por lo que Morales sigue siendo una figura clave que “todavía va a generar complicación en el escenario político”, no solo en este proceso electoral, sino también en adelante.
Ante esta sombría radiografía electoral, vuelvo a repetir “Dios salve a Bolivia” de estos candidatos que no saben dónde están parados y que solo buscan aspiraciones personales valiéndoles un carajo la vida de millones de personas que habitan en las ciudades y áreas rurales del Estado Plurinacional de Bolivia.
