Alfredo Jiménez Pereyra
El bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene durante décadas el gobierno de Estados Unidos, tanto por las administraciones Republicanas como Demócratas, contra Cuba constituye un verdadero acto de genocidio que impacta directamente en la vida cotidiana de millones de familias cubanas.
El bloqueo estadounidense no castiga a un gobierno, castiga la vida cotidiana de un pueblo en todos los ámbitos, es un acto de castigo colectivo que se expresa en meses viviendo con solo dos o tres horas diarias de electricidad o menos, con los alimentos echándose a perder, el calor que no deja dormir, los padres abanicando a sus bebés, los niños en penumbras haciendo sus tareas escolares, los jóvenes sin conectividad o sin recreación, los abuelos sin televisión o a veces incluso radio, toda la vida familiar dañada.
Desde el pasado 29 de enero, la orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decretó el bloqueo de combustibles que impide los suministros, incluso pagados, por la amenaza de sanciones impuestas por el gobierno norteamericano.
El bloqueo es genocidio, matar a un pueblo de hambre, eso debería ser extirpado de la historia de la humanidad.
En los últimos meses, Cuba ha cambiado aceleradamente la matriz energética con la fuente solar, pero también en este ámbito se han incrementado las presiones. Estados Unidos amenaza a las navieras para que no lleven a la isla tampoco paneles solares ni baterías para los nuevos parques fotovoltaicos que se han instalado en solo 45 días.
El bloqueo energético tiene consecuencias que van más allá de la interrupción del servicio eléctrico. El castigo se expresa en las semanas sin abasto de agua.
Las fuentes de abasto de agua funcionan mediante conjuntos de motores eléctricos que se detienen durante los apagones y que, incluso ante una interrupción breve, requiere después varias horas para recuperar la presión de agua en las conductoras.
Cuba es un país bloqueado al que están sometiendo todos los intereses internacionales del neoliberalismo y de la derecha concentrados en la figura del nefasto Trump.
Las consecuencias adquieren una dimensión especialmente dramática en el sistema de Salud Pública. El bloqueo energético castiga a los niños recién nacidos que para sobrevivir dependen del funcionamiento estable de un equipo médico, como una incubadora.
El bloqueo castiga a quienes tienen un enfermo en casa y dificultades para transportarlo al hospital o un familiar que requiere hemodiálisis.
Cuando ocurre un apagón y falla el grupo electrógeno del hospital, los médicos tienen que salvarlos con técnicas aplicadas de forma manual, como ocurre para suplir la ventilación asistida. Una situación similar, enfrentan quienes esperan una cirugía, incluidos niños, ante las dificultades para garantizar el funcionamiento de los grupos electrógenos que protegen los quirófanos.
A pesar de estas limitaciones, la isla caribeña ha hecho un gran esfuerzo con resultados alentadores para proteger con sistemas fotovoltaicos a los hospitales, policlínicos y otros centros de salud.
La crueldad del bloqueo también se expresa en los miles y miles de cubanos y cubanas que luchan a diario sin transporte público para llegar al trabajo porque el parque automotor está prácticamente paralizado sin combustible.
Tras 67 años del triunfo de la Revolución, Cuba es un símbolo para varias generaciones, ha sido la permanente utopía, la esperanza de un mundo que sea más justo e igualitario. Su Revolución le ha permitido tener los mejores valores en salud, educación, cultura, deportes, entre otras ramas, en toda América Latina.
El 31 de octubre, durante un acto en Florida, Trump declaró que el régimen cubano “no va a durar mucho más”, calificó al país de “estado fallido” y afirmó que su equipo vigila de cerca a la isla. En discursos previos, como en la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado y en eventos en octubre, sugirió que Estados Unidos podría actuar o tomar control de la situación una vez que concluyan otros frentes geopolíticos como Irán
Cuba no es una amenaza para Estados Unidos. El bloqueo, sí. Dejar a Cuba vivir en paz y ser dueña de su destino es un deber que todas las naciones del mundo tienen que respetar, así también se debe pedir fin al bloqueo estadounidense que es un real genocidio en pleno siglo XXI.
