Por: Carlos Tony Sánchez Vaca *
Sabido es, que en la historia, las fechas no solamente son un recordatorio específico de algo importante ocurrido en el tiempo para bien o para mal, sino que vienen a constituir, por los efectos de la educación impartida en el contexto social o en las aulas, una parte esencial y configurativa del alma de los pueblos.
De modo tal, que cuando nos referimos al 24 de Septiembre, realzamos aquello impartido y apropiado en nuestras mentes según la historia oficial: Aniversario de la proclama independentista en Santa Cruz La historia del texto es puesta – entonces – en el contexto, con sendos discursos de las autoridades, desfiles cívicos de escolares y de cuanto ciudadano ejerza funciones laborales. Calles engalanadas y festejos enturbiados acompañarán la fecha para dotarle significancia.
Y es así que, dentro de un calendario impuesto allende los mares (pues allá por el 1582, un señor llamado Gregorio que oficiaba de Papa, dictaminó que su calendario, por eso lo de Gregoriano, sería obligatorio para todo el mundo) tenemos un marco de “fechas conmemorativas” para oficialmente celebrar alegres aquello que debemos celebrar y/o recordar compungidos aquello que debemos recordar, también oficialmente.
El día 24 de septiembre es señalado como efemérides departamental. En Santa Cruz, se recuerda y celebra la gesta – si así se la puede llamar – de un grupo de ciudadanos estantes y habitantes de la ciudad que, al calor e influjo del movimiento libertario e independentista generalizado en nuestra América morena, deciden declararse – con una Proclama – libres del yugo español. Tal proclama incorporó de manera oficial, a todos los habitantes de esta parte oriental, a las largas luchas sangrientas, conocidas como la Guerra de la Independencia.
Sin embargo, la Proclama y la guerra de la independencia, venían precedidas por una larga y dolorosa guerra contra el invasor español…una lucha centenaria, una lucha de más de 300 años, iniciada aquel día en Guanahani, territorio de la nación Taíno, nombre del pueblo exterminado por las huestes de aventureros barbudos al servicio de los reinos de Castilla y Aragón, un oprobioso 12 de octubre de 1.492. Colón la re-bautizó como San Salvador (que ironía)… Se iniciaba la que, quizás, haya sido el más monstruoso genocidio que recuerde la humanidad. En ese contexto se desarrollaron las luchas épicas de los pueblos del Continente descubierto, las “Indias”, por la emancipación del cruel yugo ibérico.
Las regiones cercanas nuestras, nunca fueron ajenas al espíritu libertario, aunque como sabemos, se concede mayor validez a las Proclamas escritas con tinta, que a las Proclamas escritas con sangre, sangre de nuestros mártires ancestrales transmitidas por el lenguaje oral de los pueblos originarios y por gente – aunque extranjera – de honor, tan escasa pero relevante, como Fray Bartolomé de las Casas, quien testifica de las crueldades innombrables, que tuvieron que sufrir los habitantes originarios de nuestra tierra. La memoria colectiva de los pueblos es indeleble, y hoy resurge con la fuerza inequívoca de la verdad y la justicia.
Apenas a unos 300 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y muy cerca de Kaami (Camiri) el 10 de Septiembre de 1.810 un ejército de aproximadamente 1.300 guaraníes al mando del Cacique Birimbay, acompañados por un grupo de soldados rebeldes, tomaba por asalto el fuerte de Membiray, símbolo del poder del reino español victoria que dio inicio a la guerra de la independencia, que como es sabido culminó con la creación de la República, hoy Estado Plurinacional de Bolivia.
La toma de Membiray, es apenas como una espina clavada, si consideramos lo vasto del dominio de España en América. Pero es como una espina clavada en el corazón del infame invasor. La región de Cordillera, nunca más pudo ser recuperada por la “España grandiosa” que de grande, solo tuvo el territorio y el genocidio. Se les recordó – también – que nunca fue tierra de Ñuflo de Chávez (que una y otra cosa, aun hoy – lamentablemente – siguen incorporadas en el Himno oficial).
Las luchas precedentes de los pueblos originarios en la América y en esta parte, las del pueblo guaraní, especialmente las del Cacique Cumbay (1.809), finalmente cubrían de gloria esta tierra. Una gloria invisibilizada por la historia oficial, la historia escrita por los hijos de España en estas tierras. Resulta harto difícil, aún hoy, encontrar documentos que nos ayuden a reconstruir tal saga heroica. Y no es de extrañar. Similar situación se ha dado, a lo largo y ancho de nuestro territorio madre, el continente americano.
Es un asunto fundamental y pendiente, aunque ya existen historiadores serios que han dado los primeros pasos en esa noble tarea.
El 24 de septiembre, en ningún caso, cubre la gloria de los combatientes guaraníes el 10 de Septiembre en Membiray. Es más, debiera considerarse como asunto de vital importancia, el traslado de la fecha de la efemérides departamental cruceña, en justicia, apego a la historia y fundamentalmente, respeto a quienes, no creyendo en “hado benigno alguno”, optaron por entregar sacrificialmente sus vidas por la libertad.
Honor y gloria sean dados, al Cacique Birinday, al Cacique Cumbay y a todos los combatientes mártires, como Warnes, Cañoto, el “colorao” Mercado y otros, cuya sangre y no la fraudulenta evangelización de la cruz y la espada, ha sembrado de “eminencia y límpida frente” como reza parte de su himno, el suelo cruceño.
*Profesor universitario.
