Con amigos como estos, para que uno quiere enemigos

Por Rigucho Cortéz

La ficción suele ser muy parecida a la realidad, en muchos aspectos, sobre todo en la política. Parecería que algunos hechos fueron inventados, por lo burdo, absurdo y tonto que parezcan, pero resultan ser toda una realidad.

Algo así paso con la trama novelesca y absurda de un golpe de estado, que más parece un autogolpe, como dijo su principal actor, organizada solo para intentar mejorar la imagen, o como ellos dicen, la popularidad del presidente Luis Arce, tan deteriorada en los últimos meses.

Los refranes son sabios, como el que dice, “en la boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso” y es que el “Tilín” como ya todos le dicen al presidente Arce se la pasó mintiéndonos. Quería que creamos que la economía está muy bien, que hay trabajo para todos, y en los últimos meses, que no pasa nada con los dólares, los combustibles, la canasta familiar etc. etc.

El golpe de las 2 horas fue lo más absurdo que hubo en la historia de Bolivia, quedará seguramente como uno de los peores episodios políticos registrados en el país, por lo que significó y porque no se puede creer en que mente podía planearse un autogolpe, traicionando y usando a sus amigos.

Los que han leído la historia o han sido testigos de un golpe de estado saben que éstos no se realizan a las 3.00 de la tarde y que previamente es importante haber acordado un apoyo con, al menos, la mayoría de las guarniciones militares y mejor todavía, organizaciones civiles.

En los golpes de estado los primeros detenidos son los dirigentes políticos, sindicales y las autoridades de gobierno, a los que quieres derrocar, esto quiere decir, presidente, vicepresidente, ministros y también los asambleístas, sobre todo los de izquierda.

No se puede comprender entonces cómo en la Plaza Murillo, donde llegaron las tanquetas del Ejército podían estar dos ministros de Estado, el de Gobierno y el de Obras Públicas, además alevosos, queriendo hablar con los militares. Lo único que se me ocurrió pensar en ese momento, es que eran parte de la asonada, lo que quería decir que era un autogolpe.

En su declaración, el general Juan José Zúñiga, la primera que hizo al llegar a la plaza principal, a insistencia de algunos periodistas, dijo que ingresaría al Palacio a pedir al presidente Arce que cambie su gabinete porque no lo apoyan y que las FF.AA. defenderán la democracia.

Qué ironía, el golpista afirmaba que defendería la democracia, aunque no lo dijo, se entiende, la democracia bajo la presidencia de Lucho Arce, a quien le pediría el cambio de su gabinete, porque los ministros no lo estaban haciendo bien.

Después viene la otra trama de la novela, siempre absurda, incomprensible. Sale el Tilín, lo increpa al general Zúñiga, le pide que retire a los militares de la plaza principal, que respete la orden del Capitán General de las FF.AA., se percibe un guión mal interpretado.

En medio de todo, hay otros acontecimientos que se pueden relatar, pero no valen la pena, como dice el refrán, “de muestra, basta un botón”.

Cuando el general Zúñiga fue detenido por la Policía en el Estado Mayor, hizo una pequeña declaración, luego se lo impidieron los que fueron a apresarlo. Dijo que la orden para que saque las tanquetas a la plaza las dio el propio presidente Luis Arce, con el propósito de mejorar su popularidad que estaba desgastada.

En fin, el tiempo revelará toda la verdad, porque está historia todavía tiene mucho para investigar. Es bueno acudir otra vez a otro gran refrán. “La mentira tiene patas cortas”, con seguridad no llegará muy lejos.

Esta aventura que el gobierno la quiere posesionar como golpe de estado y que nadie se la cree, trajo serios problemas a la ciudadanía que, asustada por los antecedentes de los golpes de estado en Bolivia, salió a aprovisionarse de alimentos, de combustible, de dinero (los que tienen), generó susto e indignación.

La novela todavía no termina, tiene mucha tela que cortar, pero es triste otra vez, ser espectador de como la traición, solo por la ambición, puede acabar con la amistad de amigos de años, que no sólo compartían el deporte, sino muchas cosas más. Por eso, con amigos como éstos, para que uno quiere enemigos.

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