El papa León XIV afirma que el Líbano es un pueblo que no se rinde

Página 12

Después de cuatro días de intensa actividad y encuentros con políticos, religiosos católicos, ortodoxos y de otras religiones en Turquía, el Papa León XIV llegó este domingo a Beirut, capital del Líbano, la última etapa de su primer viaje desde que fue elegido Pontífice en mayo de este año.

Su objetivo principal en Turquía fue visitar la antigua Nicea (hoy llamada Iznik) en ocasión de celebrarse este año los 1.700 años del primer Concilio de la Iglesia, el Concilio de Nicea convocado en el año 325 d.C. por Constantino, el primer emperador romano que se convirtió al cristianismo.

El papa León XIV llegó a Beirut desde Estambul en torno a las 15 hora local. De allí se trasladó en automóvil al Palacio Presidencial donde fue recibido por el presidente libanés Joseph Aoun y su esposa y un grupo que bailaba danzas tradicionales mientras dos jóvenes le ofrecían flores, pan y agua.

Al concluir este encuentro el presidente y su esposa lo acompañaron al jardín del Palacio donde el Papa plantó un árbol llamado “cedro de la amistad”. De esta ceremonia participaron también el cardenal secretario de estado Vaticano, Pietro Parolin y el Patriarca de Antioquía de los Maronitas, el cardenal Béchara Boutros Raï.

Luego fue acompañado a la sala “25 de mayo”, un día conmemorativo importante para el Líbano que nada tiene que ver con el 25 de mayo argentino. Los libaneses celebran ese día el aniversario de la liberación del sur del Líbano de la ocupación israelí en el año 2000. De este encuentro participaron no sólo autoridades políticas sino empresarios y representantes de la sociedad civil y de la cultura.

La paz y su significado en el Líbano

El presidente libanés dio su bienvenida al Papa a la tierra cananita (una población que en la antigüedad vivía en la zona hoy ocupada por Líbano, Siria, Jordania e Israel y Palestina). Una mujer cananita se hizo famosa por acercarse a Jesús sin miedos y pedirle que curara a su hija. Y ella se transformó en un símbolo de fe perseverante en la historia del cristianismo.

“Nuestra gente Santo Padre encarna a las mujeres cananitas (…) Líbano fue concebido en libertad y por libertad (…) Es la tierra de libertad y dignidad para cada ser humano. Un país único donde cristianos y musulmanes son diferentes en sus creencias, pero son iguales en sus derechos” (…) Líbano es más que un país, es un mensaje de coexistencia, pluralismo y libertad, para el Este y el Oeste”, concluyó el presidente pidiéndole a León XIV que contara al mundo que ellos no morirán, no se irán, no desesperarán, no se rendirán.

“Estaremos aquí, respirando libertad, inventando alegrías, el perfecto amor, y abrazando la innovación y la modernidad para crear cada día una vida que valga la pena vivir”, dijo.

El Papa llamó al Líbano en sus palabras una “tierra de paz”. Se dijo muy contento de “visitar esta tierra en la que ‘paz’ es mucho más que una palabra. Aquí la paz es un deseo y una vocación, es un don y una obra en constante construcción”, dijo. Y agregó: “Deseo, en este encuentro, reflexionar un poco con ustedes sobre lo que significa ser artífices de la paz en circunstancias muy complejas, conflictivas e inciertas (…)Ustedes son un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valentía.

Su resiliencia es una característica imprescindible de los auténticos constructores de paz: la obra de la paz, en efecto, es un continuo recomenzar”, subrayó el Pontífice. “Se necesita tenacidad para construir la paz; se necesita perseverancia para engendrar vida y custodiarla. Interroguen su historia.

Pregúntense de dónde viene la gran fortaleza que nunca ha dejado a su pueblo abatido, sin esperanza (…) A nuestro alrededor, en casi todo el mundo, parece haber vencido una especie de pesimismo y un sentimiento de impotencia; las personas parecen no ser capaces ni siquiera de preguntarse qué pueden hacer para cambiar el curso de la historia.

Las grandes decisiones parecen tomarlas unos pocos y, a menudo, en detrimento del bien común, lo que parece un destino ineludible (…) Los constructores de paz no sólo saben recomenzar, sino que ante todo lo hacen a través del arduo camino de la reconciliación”.

Y dirigiéndose a los empresarios y autoridades políticas subrayó que “La verdad y la reconciliación siempre crecen juntas (…) Al mismo tiempo, no hay reconciliación duradera sin un objetivo común, sin una apertura hacia un futuro en el que el bien prevalezca sobre el mal sufrido o infligido en el pasado o en el presente.

Por lo tanto, una cultura de la reconciliación no sólo nace desde abajo, de la disponibilidad y la valentía de algunos, sino que necesita autoridades e instituciones que reconozcan el bien común por encima del bien parcial. El bien común es más que la suma de muchos intereses”.

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