Investigan como crimen de lesa humanidad una matanza indígena de 1933

Página 12

Las matanzas de pueblos originarios ejecutadas por el Estado con complicidad civil a comienzos del siglo XX vuelven al estrado. Con carácter de crimen de lesa humanidad. Así lo enuncia la Fiscalía Federal de Resistencia, que investiga lo ocurrido en 1933, en El Zapallar, cuando se produjo en el Territorio Nacional del Chaco una sequía extrema.

Fue entonces cuando, en una búsqueda desesperada de trabajo y comida, unas trescientas personas de la etnia moqoit salieron de la Reducción Napalpí hacia El Zapallar (hoy localidad de General San Martín). Les habían dicho que “allá había trabajo”.

Se estaba construyendo la red ferroviaria y los moqoit se animaron a migrar. Pero al llegar, en lugar de una mejor vida se encontraron con las balas de la policía que, acompañada por grupos civiles, disparó a mansalva.

Unas cincuenta personas, entre ellas niños, mujeres y ancianos murieron ese día. Otros se ahogaron tratando de escapar cruzando el Río de Oro a orillas del cual habían establecido campamento. Hubo ancianos que murieron de hambre de regreso a Napalpí. Hubo niños que nunca fueron encontrados por sus familias, los perdieron en la huida.

Así lo cuentan los descendientes de quienes sobrevivieron a esta balacera conocida como la “Masacre de El Zapallar”. Sus voces, patrimonio de la memoria oral del pueblo moqoit, fueron resignificadas en una audiencia realizada recientemente en la Biblioteca Cervantes de la localidad de San Bernado. El marco es la investigación impulsada por la Fiscalía.

La audiencia de testimonios

Llovía el día de la audiencia. Pero llegaron. Y ante el fiscal general Federico Carniel y el auxiliar fiscal Diego Vigay declararon Sixto Lalecori, Alfredo Salteño, Juan Carlos Martínez, Florencio Ruiz, Gustavo Casares, Francisco Rojas, Anselmo Córdoba, Ruben Salteño, Abelino Oliva, Mario Tomas y Héctor José.

Los once ancianos moqoit aportaron datos de cómo ocurrió la masacre, de acuerdo con el relato oral de sus abuelas y abuelos. Llegaron desde distintas localidades y parajes cercanos a San Bernado, una localidad equidistante de los lugares donde residen. “Donde ocurrió esta masacre ya no hay comunidades moqoit, el pueblo moqoit migró al norte después de las masacres”, explica a Página/12 Diego Vigay.

El fiscal Vigay se refiere a la masacre de El Zapallar, y a la que antecede: Napalpí, 1924. De hecho, muchos migrantes eran sobrevivientes de Napalpí. Entre ellos el cacique Luis Durán, quien encabezó la marcha en septiembre del ‘33. En el trayecto de unos cien kilómetros se sumaron pequeños contingentes moqoit de Charata, Quitilipi y Sáenz Peña. En El Zapallar establecieron campamento.

Relatos recuperados

“Había una hambruna generalizada y convencieron a los caciques que había un lugar para trabajar en la zona de El Zapallar”, explica en la audiencia el docente bilingüe Juan Carlos Martínez. Así lo escuchó de Ramona Pérez, la madre de su padre. Su abuela “tenía 7 u 8 años cuando fue la masacre”.

“La gente se rebuscaba por la marisca –detalla Héctor José– con la caza en el campo de tatú y liebre, y con la recolección de miel de abeja”, cuando no había seca, como ese año. Él conoce lo que le contaron su abuelo Luis Salteño y su tío Enrique José. “Había un cacique Duran –recuerda–. Él dijo que había alimentos en El Zapallar”.

“Era líder Luis Duran”, aporta Salteño Alfredo, a quien su abuelo Pedro Balquinta le contó la historia. “Todos estaban inquietos por la falta de trabajo. Llegó una persona y dijo por qué no vamos a un lugar donde haya trabajo. Cada noche se reunían, y aceptaron la propuesta de buscar trabajo”.

Sixto Lalecori cuenta que “se organizaron porque no había trabajo. El que encabezaba el grupo se llamaba Duran. Se reunieron la noche anterior y cada uno aportaba algo de miel, animalitos cazados, eran el alimento que tenían”. Él conoció el relato por su mamá Justina Lalecori y sus abuelos, Enrique Lalecori y Bartolina Miño.

“Duran era sobreviviente de Napalpí –completa Alfredo–, se escapó al monte y sobrevivió. Según contaba su abuelo Pedro Balquinta, “en agosto de 1933 salieron y llegaron a un pueblito que se llamaba El Zapallar”.

“Antes de llegar –continúa Lalecori–se dividieron en grupos para ver si eran bien recibidos. Había mujeres, niños. El primer grupo fue recibido por la autoridad del Estado, la policía, por disparos de armas de fuego.

Los que pudieron escaparse fueron los que sobrevivieron. Murieron mujeres y niños porque no tenían experiencia para escaparse. Algunas familias no tenían la experiencia de la masacre de 1924, mi familia sí tenía y eso los ayudó. Los demás ignoraban lo que les podía pasar”.

“La masacre fue cerca de un río”, apunta José. Alfredo agrega: “Pensaron que los moqoit vinieron a pelear. Fueron los militares a sangre fría. Y asesinaron a todos niños, mujeres y hombres”.

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