Traición, secuestro y ejecuciones en Venezuela

Alfredo Jiménez Pereyra

A cuatro meses del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, por parte de Estados Unidos, el tiempo y los hechos confirman que fue víctima de la traición más vil aplicada por su entorno cercano, encabezada por su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, su hermano Jorge y el general de las Fuerzas Revolucionarias Vladimiro Padrino López.

Según investigaciones periodísticas, como del diario The Guardian, indican que, desde agosto de 2025, los Rodríguez y Padrino comenzaron a elaborar junto con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y otras entidades estadounidenses, un plan para quitar a Maduro de la presidencia facilitando el cambio de poder a costa de una transición.

Tras la operación, Padrino López ha pasado de ser un comandante operativo a convertirse en el “custodio” político y militar del actual gobierno. Actúa como el poder detrás del trono de Delcy (quien asumió la presidencia interina del chavismo). Es el encargado de evitar deserciones masivas en los cuarteles y entregó toda la información necesaria a la CIA para la operación estadounidense “Resolución Absoluta”. Además de paralizar personalmente todas las respuestas militares venezolanas, tanto de las tropas desplegadas en la capital como de los anillos concéntricos de protección de Maduro.

Padrino López es directamente responsable del asesinato de los 32 militares cubanos, incluyendo dos coroneles. La madrugada del 3 de enero (durante la Operación Resolución Absoluta), todo estaba desmantelado, nada de la seguridad funcionó. Helicópteros Delta Force estadounidenses llegaron al Fuerte Tiuna como si estuvieran paseando. No hubo una respuesta militar de defensa antiaérea. La única barrera de contención que tuvieron fue la de los escoltas cubanos, fuerza que, aunque muy bien preparada, no estaba para ese tipo de enfrentamiento, pues no contaban con el armamento adecuado.

Los marines llegaron sin resistencia hasta donde estaba Maduro, los escoltas cubanos y un par de venezolanos fueron sorprendidos en sus áreas de descanso. Tras una tenaz resistencia de los escoltas cubanos, muchos cayeron heridos, pero fueron rematados y asesinados por parte de la fuerza élite del ejército estadounidense.

Tanto el Pentágono y la administración de Donald Trump confirmaron que, aunque no hubo víctimas mortales estadounidenses, se registraron siete heridos y daños materiales en el equipo de extracción.

Al día siguiente, el 4 de enero, Padrino López, investido de todos sus cargos dentro del madurismo, realizó una gira por las principales bases militares para asegurar la lealtad de los generales, advirtiendo que “la traición se pagará con la vida”. Esto le permitió mantener intacta su estructura de mando para negociar con el nuevo orden representado por Rodríguez.

Investigaciones de consorcios periodísticos como OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting o Project o Proyecto de Reporte sobre el Crimen Organizado y la Corrupción) que revelan riquezas ocultas de figuras políticas mundiales. En el caso de Padrino López señala que su “laberinto corporativo” está compuesto por al menos 24 empresas y 14 propiedades en Estados Unidos y Venezuela, valoradas en más de 4,5 millones de dólares.

Trámites Consulares (EE.UU.), irónicamente, una empresa en Florida dirigida por su prima, Ludmila Padrino Valderrama, se dedicaba a gestionar asilos políticos y prórrogas de pasaportes para venezolanos que huían del gobierno que Padrino López defendía.

Tiene en el condado de Broward, Florida, una mansión valorada en más de 600.000 dólares. Y en Miami y Houston múltiples apartamentos y locales comerciales que servían como fachada para el lavado de dinero proveniente de la corrupción estatal y el tráfico de influencias.

Se ha especulado mucho sobre por qué Padrino López y Diosdado Cabello (ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz) permanecieron en sus puestos. La explicación oficial de la Casa Blanca fue que la operación buscaba descabezar la figura presidencial para forzar una transición, dejando a los mandos militares en una posición donde tuvieran que elegir entre negociar o sostener un gobierno sin su líder principal. En realidad, ambos personajes estaban comprometidos con todo el esquema de corrupción y fueron reclutados por la CIA, primero Padrino López y luego Cabello.

De acuerdo con información de The Guardian, los hermanos Rodríguez estuvieron en comunicación con autoridades estadounidenses durante los meses previos a la intervención a través de intermediarios. El rotativo británico asegura que ambos estuvieron de acuerdo previamente con las acciones del ejército norteamericano.

En diciembre 2025, una fuente estadounidense señaló a The Guardian que Rodríguez le dijo al gobierno de Estados Unidos que estaba lista: “Delcy estaba informando: ‘Maduro tiene que irse’.”

En octubre de 2025, el diario Miami Herald ya había publicado que Delcy conspiraba de forma activa o pasiva para una caída de Maduro por sus propias ambiciones, y si bien ella lo negó tajantemente, su reacción pareció convencer a Marco Rubio, secretario de estado de Estados Unidos, y su entorno de que era una persona ambivalente con la que se podría llegar a algún acuerdo.

De acuerdo con esta versión, Rubio aceptó trabajar con Rodríguez a pesar de su cercanía al régimen de Maduro debido a que era “la mejor manera” de efectuar las acciones con el menor desastre posible una vez que el presidente fuera derrocado y trabajaran en conjunto, tal como ha ocurrido recientemente.

Desde que Trump reconoció a Rodríguez como presidenta interina de Venezuela, ésta ha promovido acuerdos energéticos, incluyendo un importante suministro de petróleo venezolano a Estados Unidos, ha tenido reuniones directas con director general de la CIA, ha entablado conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre otras acciones, que escandalizarían a rabiar al difunto líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez.

Fue la traición al más alto nivel del mando venezolano. Por la mente de Maduro jamás se cruzó la idea de que fuera entregado por las personas en quienes más “confiaba”, porque durante años éstos juraron lealtad a su mandato y a los lineamientos políticos que estipulaban el socialismo del siglo XXI.

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