Perú elige a su nuevo presidente este domingo entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori 

BBC News

Tras una accidentada primera vuelta y un conteo de votos que se prolongó durante un mes, el país sudamericano vuelve a las urnas en un clima de incertidumbre política. La derechista Keiko Fujimori, heredera del fujimorismo y quien obtuvo el 17,92 % en la primera vuelta, se disputa la presidencia con el izquierdista Roberto Sánchez, que logró el 12,03 % de los votos.

Esta elección repite un patrón que ha caracterizado la política peruana en las últimas décadas: un enfrentamiento entre el fujimorismo y otro candidato, en el que el antifujimorismo suele jugar un papel determinante.

Keiko Fujimori, hija y heredera política del controvertido expresidente Alberto Fujimori, se ha caracterizado por su persistencia.

Esta es la cuarta vez que se postula a la presidencia y no ha reconocido los resultados de las dos últimas elecciones, en las que fue derrotada por el derechista Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y el izquierdista Pedro Castillo en 2021.

El politólogo Alonso Cárdenas, profesor de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en Lima, Perú, afirma que el desconocimiento de los resultados electorales le ha causado daño a la democracia peruana.

«Ha sido uno de los principales detonantes del proceso de convulsión e inestabilidad política que el país arrastra en los últimos diez años, con ocho presidentes, un Congreso profundamente desprestigiado y una implosión institucional que hoy marca la vida política», le dice a BBC Mundo.

«Esta situación ha derivado, además, en el auge del crimen organizado, expresado en fenómenos como el sicariato y la extorsión, y ha deteriorado de manera significativa la calidad de vida de la población».

En la papeleta también estará Roberto Sánchez, quien aspira a la presidencia de Perú por primera vez.

Fue ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno del expresidente Pedro Castillo, de quien se considera heredero político.

Castillo fue condenado el año pasado a 11 años y medio de prisión por los delitos de rebelión y conspiración, tras intentar sin éxito disolver el Congreso y concentrar poderes cuando estaba al frente del Ejecutivo en 2022.

Uno de los factores determinantes en esta elección será el voto indeciso, que representa alrededor del 25% del electorado, según una encuesta del IEP publicada la semana pasada.

«Ese porcentaje puede decantarse a cualquier lado. En los últimos días, sobre todo en redes sociales, muchas personas se han volcado a recordar todo lo que sucedió con el fujimorismo, los casos de corrupción, la violación de los derechos humanos, el autoritarismo, la cleptocracia», afirma Cárdenas.

«Según lo que la información que tengo, la brecha que existía en las encuestas entre Keiko y Sánchez se ha ido reduciendo cada vez más», añade. También será clave la participación en distintas regiones.

«A Keiko Fujimori no le conviene que haya abstencionismo en Lima, su principal bastión urbano, mientras que a Roberto Sánchez no le conviene el abstencionismo en el mundo rural y en el sur del país, donde cuenta con mucha popularidad», señala.

En este sentido, la movilización electoral en zonas urbanas versus rurales puede ser decisiva en lo que se prevé que sea un resultado electoral muy ajustado.

Otro elemento determinante es el rechazo histórico hacia ambos candidatos, que funciona como una fuerza política en sí misma.

En el caso de Fujimori, el llamado antifujimorismo activa recuerdos de autoritarismo y corrupción; en el caso de Sánchez, pesa su asociación con la gestión de Pedro Castillo, que «se recuerda como una gestión muy desordenada, plagada de corrupción e improvisación», segun el analista Alonso Cárdenas.

Más allá de quién resulte vencedor en las urnas, otra gran incógnita es la gobernabilidad del país, en un contexto en el que el Congreso peruano se ha convertido en un actor clave en la estabilidad política, con capacidad de condicionar la acción del Ejecutivo.

En los últimos años, la combinación de un sistema de partidos fragmentado y la ausencia de mayorías sólidas ha desatado una persistente inestabilidad.

La destitución de presidentes y los constantes enfrentamientos entre poderes han reforzado la percepción de que la gobernabilidad depende menos del resultado electoral y más de la capacidad del presidente de construir alianzas en un Congreso altamente volátil.

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