El País
El exgeneral serbobosnio Ratko Mladic, de 84 años, ha fallecido este jueves en el centro de detención de La Haya (Países Bajos) en el que estaba preso desde 2011, según ha confirmado su abogado y un portavoz de la ONU. Mladic era conocido como el carnicero de Bosnia por su atroz papel en la guerra de los Balcanes.
Su estado de salud era delicado desde hace años, con varias hospitalizaciones en los últimos tiempos. Aunque llevaba 15 años entre rejas, fue condenado a cadena perpetua en noviembre de 2017 por su participación en el genocidio de Srebrenica.
El Mecanismo Residual Internacional para los Tribunales Penales (MTPI) ha confirmado el fallecimiento. Su presidenta, la jueza Graciela Gatti Santana, ha anunciado la apertura de una investigación para esclarecer sus circunstancias.
Sus abogados habían solicitado la semana pasada una vez más a los jueces su traslado a Serbia porque le quedaba poco tiempo de vida y quería pasarlo con su familia. La petición le fue denegada porque “no era en interés de la justicia” autorizar su marcha cuando “los médicos pueden tratarle en perfectas condiciones y su familia le puede visitar”.
El exgeneral serbobosnio tenía 53 años en 1995, cuando ordenó a sus tropas no solo que tomaran la ciudad bosnia de Srebrenica, durante la guerra de los Balcanes. Entre el 13 y el 23 de julio llevó a cabo una operación de limpieza étnica que poco tenía que ver con la práctica militar.
Separó a los hombres de las mujeres y niños y ancianos, todos ellos refugiados musulmanes bosnios, y ejecutó después a tiros a los primeros. Había entrado en la ciudad repartiendo pan entre los niños que se le acercaban y diciendo que solo buscaba a criminales de guerra. Cuando todo acabó, habían perecido unos 8.000 varones en la mayor matanza en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Srebrenica había sido declara como zona segura por Naciones Unidas, y en ese momento se encontraba protegida por unos 400 cascos azules neerlandeses, que fueron neutralizados por Mladic y sus soldados. El trauma causado en Países Bajos por lo ocurrido, provocó debates políticos y sociales que se cerraron, al menos oficialmente, cuando en 2022, el entonces primer ministro liberal Marc Rutte, pidió disculpas a aquellos cascos azules que, según dijo, “fueron enviados a una misión que devino imposible” y que “no tuvieron apoyo posterior”.
Mladic siguió en activo después del genocidio de Srebenica, lo mismo que su jefe político directo, Radovan Karadzic, condenado también a cadena perpetua por los mismos hechos en 2019. Karadzic fue el ideólogo, pero “los actos decisivos para la comisión de los crímenes no podrían haberse perpetrado sin Mladic”, rezaba la pena dictada por los jueces en 2021. Ambas figuras, condenados a cadena perpetua, apelaron la decisión de los jueces pidiendo la absolución. Las condenas fueron ratificadas en los dos casos.
Después de una primera época casi exhibiéndose en Serbia, donde eran tratados como héroes de guerra, Mladic y Karadzic se ocultaron. Fue detenido a los 69 años una madrugada de mayo de 2011 por tres unidades especiales en la localidad de Lazarevo, en Voivodinam. una provincia al norte de Serbia.
Al final, solo le escondían unos familiares, y había sufrido un infarto cerebral en el tiempo que permaneció huido de la justicia. Tenía dos pistolas cargadas, pero no ofreció resistencia. No solo se había convertido en un fugitivo de la justicia internacional, sino también en muro contra el que Serbia había chocado hasta ese momento en el intento de Serbia de negociar la adhesión a la Unión Europea.
Ratko Mladic nació el 12 de marzo de 1942, cerca de Sarajevo, que en ese momento era parte de estado independiente de Croacia, controlado por Alemania. Eligió la carrera militar, y se graduó en 1965 como uno de los oficiales más capaces de su generación, y comandó unidades en Macedonia y Kosovo.
Cuando, tras la desintegración de una confederación de Yugoslavia, Croacia declaró su independencia en 1991, Mladic fue enviado para que Belgrado recuperase el control. Consideraba que la población musulmana era unos invasores provenientes, en origen, de la antigua ocupación por parte de la época otomana.
Karadzic pensaba igual y le dio forma ideológica a los hechos luego perpetrados por el exgeneral serbobosnio. Mladic empezó con el sitio de Sarajevo, la capital bosnia, a la que impuso un cerco de 1.425 días y en la que murieron a tiros y por las bombas unos 13.000 civiles.
Mladic estaba casado y tenía un hijo y una hija. Ella se suicidó usando la pistola favorita de su padre. El sitio de Sarajevo fue roto en 1995 por los ataques militares de la OTAN, y ese mismo año las tropas de Mladic se lanzaron a perseguir a la población bosnio musulmana de Srebrenica.
Todavía hoy, cada 11 de julio, hay entierros de restos de los 8.000 varones, también adolescentes y mayores entre ellos, que fueron ocultados en fosas comunes después del genocidio.
El juicio en su contra, llevado a cabo por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, se prolongó durante más de 500 días, declararon 600 testigos y fueron analizadas 10.000 piezas con las pruebas.
El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia concluyó que Mladic, junto con el también fallecido presidente serbio Slobodan Milosevic y el líder serbobosnio Radovan Karadzic, formaban parte de una conspiración criminal para llevar a cabo ese plan.
Mientras los testigos contaban atroces historias de violaciones y asesinatos en la noche, en las cunetas o a plena luz en recintos apartados, Mladic leía a veces el periódico. Otras veces agitaba una vieja gorra militar y exigía a gritos la absolución. Al final ha muerto en una celda que Naciones Unidas utiliza en el complejo carcelario de La Haya, sede en su día del Tribunal para Yugoslavia. Este tipo de reos debe cumplir la pena en otro país. Mladic seguía allí quince años después debido a su estado de salud y a las disputas legales sobre el lugar adecuado para su custodia.



