Página 12
En España, el “No a la guerra” va más allá de un eslogan de marketing; es parte de una memoria colectiva que se grabó a fuego en 2003, cuando las Azores fueron el escenario del encuentro de un trío (Bush-Blair-Aznar) que terminó en la invasión sangrienta de Irak y en un atentado terrorista en Madrid que costó 197 muertes.
En parte por eso, pero también porque Sánchez ha acabado encontrando en Europa cierto respaldo a su postura antibelicista, el presidente español ha decidido redoblar una posición que es, al mismo tiempo, de rechazo a una guerra ilegal y de desafío a la prepotencia de Donald Trump. Después de haber prohibido la utilización de las bases norteamericanas asentadas en España, el líder socialista ha decidido cerrar el espacio aéreo español a la operación de guerra contra Irán.
Un portazo en las narices de Trump
La ministra de Defensa, Margarita Robles, lo confirmó este lunes con una sequedad castellana que no admite réplicas: España cerró su espacio aéreo a toda aeronave que participe en el ataque de la entente Washington-Tel Aviv. La medida es un portazo en las narices de Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
El veto es total: no se autoriza el uso de las bases estratégicas de Rota y Morón de la Frontera, en el sur de la península, ni se permite que aviones procedentes de bases en el Reino Unido o Francia crucen el cielo español cargados con el arsenal destinado al frente iraní.
El asunto no es menor ni simbólico. Al negar el uso de las bases de Rota y Morón de la Frontera, el nexo logístico fundamental que une el Atlántico con el Mediterráneo queda herido de gravedad para los intereses norteamericanos. Según cuentan los que saben de logística militar, la negativa española obliga a los bombarderos a dar vueltas por el mapa, alterando las cargas de querosén y obligándolos a elegir entre llevar más combustible o más bombas.
Es, básicamente, ponerle un palo en la rueda a la maquinaria de muerte. Y eso, en el lenguaje diplomático de Trump, se traduce en una sola palabra: represalia.
El magnate ya amenazó con un bloqueo comercial, siguiendo con su lógica de que quien quiera ejercer su soberanía, debe pagar el precio a través de un arancel a los productos que quieran entrar en el mercado estadounidense.
“Desde el primer momento se le trasladó clarísimamente a la parte americana”, sostuvo la ministra Robles. Para el Ejecutivo de centroizquierda, la guerra iniciada por el eje Washington-Tel Aviv es “profundamente ilegal y profundamente injusta”.
Estas palabras, que en otro contexto podrían parecer retórica de asamblea universitaria, adquieren aquí un peso logístico real. Al cerrar Rota y Morón, España le quita a la maquinaria de guerra de Donald Trump un punto de apoyo fundamental en el tablero mediterráneo, obligando a los bombarderos a recalcular rutas, cargas de combustible y tiempos de reacción.
No es que España haya roto sus convenios bilaterales con el Pentágono. Los militares estadounidenses pueden seguir usando las bases para sus tareas habituales de asistencia a tropas en Europa, pero el límite está en el combustible destinado a la guerra en Irán.
Según informes técnicos, esta negativa complica seriamente la operatividad de los B-52 y otros activos de gran alcance, que ahora deben volar rutas más largas, cargando menos bombas para poder llevar más combustible, o viceversa. Un rompecabezas táctico que no ha sentado nada bien en la Casa Blanca.



