Página 12
Con el sombrero campesino que usaba el expresidente Pedro Castillo, el candidato de izquierda Roberto Sánchez ha iniciado movilizaciones por el país para defender el voto que, según los resultados oficiales al 95,5 por ciento, lo confirma en el segundo lugar que da el pase al balotaje. Manifestaciones que son también el arranque de la campaña mirando la segunda vuelta definitiva contra Keiko Fujimori, confirmada en el primer lugar con 17 por ciento.
Sánchez, que hace campaña reivindicando la figura de Castillo, comenzó su gira por la región andina de Cajamarca, la tierra del expresidente, donde en la primera vuelta ganó con amplitud.
Mientras Sánchez demanda que se respete la votación de las elecciones, el ultraderechista Rafael López Aliaga, tercero en el conteo de votos, se niega a reconocer los resultados, grita fraude sin presentar pruebas, insulta y amenaza a las autoridades electorales y anuncia una insurgencia si no pasa a la segunda vuelta.
Cuando solo falta computarse un 4,5 por ciento de las actas, las que han sido observadas y están en proceso de revisión, Sánchez se consolida en el balotaje, con 24 mil votos de ventaja sobre López Aliaga.
Tiene el 12 por ciento, contra 11,8 por ciento del ultraderechista. La distancia entre ambos ha ido aumentando en el tramo final del conteo. Los cálculos de especialistas coinciden en que la ventaja de Sánchez sería irreversible.
Renuncia
La renuncia en medio del proceso electoral del jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Piero Corvetto, bajo fuertes presiones políticas y mediáticas de la derecha -una masiva campaña de ataques, una denuncia penal por las fallas logísticas el día de la elección, la amenaza de meterlo en prisión por esa denuncia, el allanamiento a su casa-, ha levantado suspicacias y preocupaciones.
La derecha quería su cabeza desde 2021, cuando no se prestó a la pretensión de desconocer el legítimo triunfo de Castillo.
López Aliaga, que ha amenazado con perseguir a Corvetto “hasta el día de su muerte”, tuvo rol protagónico en esas presiones que llevaron a la salida del responsable de las elecciones, a pesar que la ley prohíbe su cambio en medio de un proceso electoral.
Desde Cajamarca, Sánchez hizo un llamado “a todas las fuerzas democrática a movilizarse pacíficamente” para defender el voto que lo coloca en la segunda vuelta. “Ahora quieren controlar la recta final (del conteo de votos) y la segunda vuelta.
Quieren controlar el sistema electoral”, señaló, en alusión al reciente cambio en la jefatura de la ONPE. “Que escuche Lima, que escuchen todas las voces que no reconocen el voto del Perú profundo, exigimos respeto y daremos respeto, exigimos paz social y daremos paz social”, exclamó en un mitin en Huancavelica, otra región andina, en la que también ganó.
Buscando desesperadamente los votos que le faltan para superar a Sánchez, desde Lima, su bastión electoral, López Aliaga demandó elecciones complementarias, pero solo en la capital, para que se vuelva a votar en las mesas que abrieron tarde. Esa tardanza no ha tenido incidencia en el resultado, señalan expertos.
La ley no permite esas elecciones complementarias y el Jurado Nacional de Elecciones rechazó esa posibilidad. El candidato ultraderechista exige ahora que se anulen en mesa votos rurales de Sánchez, alegando, sin pruebas, que son producto de un supuesto fraude.
Desbocado en una violencia verbal que revela su desesperación, ha amenazado que si no pasa a la segunda vuelta incendiará la pradera, “arderá troya”. En estado de delirio, ha dicho que hay un complot cubano venezolano para hacer fraude en su contra.
López Aliaga ha buscado imponer la falsa narrativa de un supuesto fraude en su contra desde antes de las elecciones, cuando las encuestas registraban su caída.



