Página 12
El Ejército israelí mató al menos a 100 personas e hirió a otras 440 en el último día de ataques sobre la Franja de Gaza, según el recuento diario del Ministerio de Sanidad palestino citado por el medio catarí Al Jazeera, basado en la llegada de víctimas a los hospitales. Al menos 27 de los muertos habrían fallecido por disparos mientras esperaban acceder a ayuda humanitaria.
En paralelo, una organización respaldada por Israel y Estados Unidos, encargada de gestionar la distribución de alimentos en el enclave, suspendió sus operaciones en tres puntos de reparto tras una serie de tiroteos mortales cerca de sus instalaciones.
La Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), formalmente independiente, pero con apoyo de Washington y Tel Aviv, anunció que sus centros de distribución permanecerán cerrados para “mejorar la eficiencia”. La medida llega luego de múltiples incidentes letales en las inmediaciones de los centros, lo que generó críticas por parte de Naciones Unidas.
Tanto Israel como Estados Unidos defienden este sistema de asistencia como un método para evitar que Hamas intercepte la ayuda y la utilice con fines propios.
No obstante, las fuerzas israelíes admitieron haber disparado contra personas que se dirigían hacia uno de los centros en Rafah, área que consideran zona militar restringida.
Estos ataques se suman a la serie de bombardeos a lo largo del enclave, particularmente sobre las zonas de Ciudad de Gaza y Yan Junis, que las autoridades sanitarias reportan podrían haber causado más de 70 muertes en toda la Franja.
«Falta de transparencia»
La GHF suspendió sus operaciones en tres de sus centros tras recibir advertencias del Ejército israelí, que calificó las rutas hacia los puntos de distribución como “zonas de combate”.
Las fuerzas armadas pidieron a la población evitar circular por estas áreas, que son actualmente las únicas autorizadas para el ingreso de ayuda humanitaria.
Desde la apertura de los centros, el pasado 27 de mayo, al menos 80 personas murieron en las inmediaciones, muchas de ellas entre el domingo y el lunes. “Esto no es ayuda humanitaria, es una trampa”, denunció Mohamed Zidan, esposo de Reem al-Akhras, asesinada el martes cuando intentaba conseguir alimentos para su familia. Según su hijo Zain, Reem “solo quería traernos comida”.
La ONU criticó duramente este modelo de distribución, cuestionando su “falta de transparencia y responsabilidad”. El portavoz del ente, Stéphane Dujarric, rechazó que una organización con apoyo estadounidense e israelí actúe al margen de los mecanismos oficiales de Naciones Unidas, lo que ha derivado en caos y pánico entre la población que espera asistencia.
La GHF afirma haber distribuido seis millones de paquetes de comida desde su creación, pero esa cifra fue puesta en duda por Dujarric, quien remarcó que no existe forma independiente de verificarla.
Mientras tanto, el Ejército israelí continúa supervisando las operaciones, situación que ha llevado a la ONU a distanciarse del proyecto por su «falta de imparcialidad».



