Expresidente califica de ministro de colonias a Fernando Aramayo, por su racismo y odio a los indígenas

Sinahota, 7 de octubre (El Nuevo Cambio).- El expresidente del Estado Plurinacional, Evo Morales Ayma, calificó al ministro de la Presidencia, Fernando Aramayo como “ministro de colonias”, por su racismo, su odio a los indígenas y su escasa memoria y mentiras.

En una extensa respuesta a las afirmaciones del ministro Aramayo, el exmandatario afirma: ”Fernando Aramayo, ministro de colonias, falazmente acusa a Evo de sacrificar el futuro de Bolivia y confirma la condición de protectorado al que nos ha conducido su corregidor español, Rodrigo Paz.

En respuesta a las delirantes y falaces declaraciones de Fernando Aramayo, actual ministro de colonias, realizadas en un medio de comunicación, se me acusa de comprometer el futuro de los bolivianos y otros supuestos hechos solicitando al mismo tiempo “cooperación internacional» para abordar el “Caso Morales”.

No voy a responder puntualmente los dislates del funcionario colonial. No hay peor ciego que aquel que no quiere ver y tampoco tenemos remedios caseros para curar el odio visceral de una clase acomplejada, racista y cipaya.

No obstante, convendrá señalar que diariamente el pueblo defiende los logros de 14 años de desarrollo y prosperidad interrumpidos por el salvaje golpe de estado del imperio que hoy conduce los destinos del país, mediante sus vasallos, como el actual gabinete colonial.

Aramayo, solo confirma el estado agónico de su régimen que hasta para dar respuestas políticas a sus adversarios debe acudir a la metrópoli, a sus vasallos neofascistas y a una supuesta cooperación regional.

La petición de ayuda externa, que más huele a auxilio desesperado ante el naufragio del régimen, dice mucho del pantano o de la verdadera cloaca en la que vive Paz Pereira y su gabinete cipayo.

La mayor vergüenza e indignación que siente el pueblo boliviano es el estatuto de vasallaje al que nos ha conducido el súbdito español. No existe antecedente alguno en nuestra historia nacional que un mandatario elegido democráticamente haya convertido el Palacio de Gobierno en la sede de la más abyecta corrupción pública y en el centro de operaciones de Fernando Cerimedo, un extranjero, socio de funcionarios de alto nivel del gobierno de EE.UU., convertido en asesor personal del presidente y a su vez en un vulgar extorsionador corrupto y jefe de la mayor mafia narcotraficante que ha tenido el país.

El ministro de colonias, pierde su tiempo ofendiendo la inteligencia del pueblo boliviano. Todo el mundo está consciente de que la operación policial de descabezamiento de la Fiscalía General del Estado no es más que una coartada para frenar la investigación de los múltiples delitos de cuello blanco de la familia presidencial y del cartel mafioso de Cerimedo y sus tutores extranjeros.

Todos saben que el caso Cerimedo tiene connotación hemisférica dados los gravísimos tentáculos vinculados al narcotráfico y a las operaciones políticas manipuladas y encubiertas que alteraron resultados electorales en América Latina para imponer regímenes neofascistas aliados del norte.  Lo que se desconoce aún, es hasta donde llegó Cerimedo convertido en rector de operaciones sucias en nuestra región bajo la máscara de asesor personal coludido con Paz y su familia.

En lugar de maquillar y encubrir el régimen de oprobio y latrocinio en el que vivimos los bolivianos o en lugar de engañar a la comunidad internacional con su petición de colaboración para silenciarme e imponer, como práctica diaria, el terrorismo de Estado,  el ministro colonizado debiera explicar a los bolivianos y a la comunidad internacional los múltiples casos de corrupción y vinculación del gobierno colonizado con redes transnacionales del narcotráfico así como sus efectos directos en la espiral de violencia que ha sumido al país.

No hay mal que dure cien años ni crimen perfecto. Las huellas digitales del régimen de Paz y sus socios extranjeros vinculados a las verdaderas organizaciones criminales son más que evidentes.

El dilema esta sobre la mesa: o el Escudo de las Américas lucha de verdad contra las mafias de cuello blanco o repetimos la larga historia de opresión y saqueo con el pretexto de las nuevas guerras imperiales contra los pueblos.

Los pueblos de América Latina deberán preguntarse si la violencia engendrada por la reactualización de la doctrina Monroe no nos traerá más violencia, hambre y miseria”.

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