Página 12
Este lunes por la mañana, centenares de personas llevaron en andas al cementerio Sheikh Radwan los cadáveres envueltos en sábanas de los seis periodistas asesinados en Gaza por un dron israelí, entre lágrimas y al grito de «con nuestra alma y nuestra sangre, nos sacrificamos por ti, Anas», en referencia al periodista Anas Al Sharif muerto el domingo junto con Mohammed Qreiqeh y los camarógrafos Ibrahim Zaher, Mohammed Noufal y Moamen Aliwa (el equipo completo de Al Jazeera); y Mohammed Al Khaldi, periodista freelance.
Mohamed Ahdad, editor de Al Jazeera Journalism Review, declaró a Página/12: «Nuestros corazones están rotos porque la ocupación israelí asesinó a nuestros colegas. Es tan doloroso cuando ves las fotos de sus hijos y sus familias.
Esos reporteros estaban celebrando la vida, ellos amaban la vida, pero tenían que reportar la muerte, el genocidio. Israel no quiere que el mundo vea la realidad. Querían cerrar los medios. Y nuestros reporteros estaban luchando, desesperados. Nunca se sentían seguros porque habían sido amenazados.
Es tan doloroso sentir que nuestros colegas se sientan solos en Gaza. Ya 237 periodistas han sido asesinados, la mayoría son sólo números. Es muy doloroso porque sienten que están solos, cuando a los medios internacionales no les permiten entrar a Gaza; no recibieron suficiente apoyo o protección. Nadie hizo nada por protegerlos».
Ahdad continúa su relato: «Estaba viendo Al Jazeera hoy. Al Sharif había reporteado la muerte de sus colegas. Hoy no tuvimos a nadie para reportear su muerte, la de Muhammad Al Qreiqeh y otros. Fue tan doloroso: no había nadie para hablar en la cámara. No culpo a la comunidad internacional o a las organizaciones internacionales.
Culpo a ciertos colegas, a los periodistas, a las organizaciones de medios que justificaron el asesinato de periodistas en Gaza. Porque están adoptando la narrativa israelí al mostrar a los periodistas como criminales que merecen la muerte. Mi mensaje es el de un periodista a un periodista. Tenemos que combinar nuestros esfuerzos para llevar a los asesinatos a la justicia; si no, la violencia contra los periodistas se va repetir en todo el mundo. Mi mensaje es que matar al periodista no va a matar la historia».
El mundo repudia
Martin Roux, dirigente de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) declaró a BBC News Channel que es «aterrador» que Israel se haya otorgado «el derecho a matar a periodistas cuando decide que son terroristas».
La ONG Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) había acusado a Israel por su «campaña de desprestigio» contra Al Sharif. Jodie Ginsberg, directora del CPJ, dijo: «Advertimos que esto nos parecía un preludio para justificar un asesinato; esto forma parte de un patrón que se remonta a décadas, en el que se asesina a periodistas; los periodistas son civiles. Nunca deben ser objetivo en una guerra. Y hacerlo es un crimen de guerra. La ley internacional es clara en que los combatientes activos son los únicos objetivos justificados en un escenario de guerra».
Reporteros sin Fronteras (RSF) condenó «airadamente el asesinato reconocido por el ejército israelí» de Anas Al Sharif, de quien dijo que era «uno de los periodistas más famosos de Gaza y la voz del sufrimiento que Israel ha impuesto a los palestinos». Y pide que se ponga fin a «la estrategia de bloqueo informativo de Israel, destinada a ocultar los crímenes cometidos en el enclave sitiado y hambriento».
En 2024, Al Sharif recibió el Premio Defensor de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. Ahora declararon: «Estamos devastados y desconsolados; Anas dedicó su vida a ponerse delante de las cámaras, denunciar las atrocidades de Israel.
Los valientes periodistas que han informado desde el inicio del genocidio han estado trabajando en las condiciones más peligrosas del planeta. Arriesgando sus vidas, se han quedado para mostrar al mundo los crímenes de guerra que Israel comete contra casi dos millones de mujeres, hombres y niños; Israel no sólo está asesinando a periodistas, sino que ataca al periodismo mismo al impedir la documentación del genocidio».



