Madres buscan a sus hijos en el sistema de prisiones bajo el régimen de excepción de Bukele

BBC News

Son madres buscadoras, aunque, a diferencia de las de México, no remueven la tierra con la esperanza de hallar los cuerpos de sus hijos. A los suyos se los tragó el sistema penitenciario de El Salvador.

«Desde que me lo agarraron, no lo he visto. No sé si existe o no existe», se lamenta Marcela Alvarado.

A su hijo, José Duval Mata Alvarado, lo detuvieron varios soldados el 18 de abril de 2022 en la comunidad rural La Noria, en Jiquilisco, en el sureste del país, cuando volvía a casa de su jornada como tractorista.

A pesar de las súplicas y de asegurar que era inocente, se lo llevaron acusado de «agrupaciones ilícitas», como sucedió con la mayoría de arrestados bajo el régimen de excepción que por aquel entonces acaba de entrar en vigor en el país.

Ese decreto de emergencia que suspende una serie de derechos constitucionales es el instrumento principal de la política de seguridad del gobierno de Nayib Bukele.

Con esa medida, el mandatario salvadoreño logró la desarticulación de las poderosas pandillas que aterrorizaron al país durante décadas.

Temporal por definición, más de cuatro años después sigue prorrogándose cada mes en medio de las críticas de grupos de derechos humanos locales e internacionales que argumentan que dicho estado de excepción ha llevado a detenciones arbitrarias y sin orden judicial.

Desde el día en que se llevaron a su hijo, Alvarado continúa preguntándose cómo estará, si realmente permanece allí donde le dicen que está preso.

A pesar de que en todo este tiempo dos jueces han ordenado la inmediata liberación de Mata —BBC Mundo pudo ver las resoluciones—, cada vez que su madre acude a la Procuraduría o a dejar en manos del empleado penitenciario de turno un «paquete» de alimentos básicos y artículos de higiene, le aseguran que continúa tras las rejas de la infame megaprisión conocida como Cecot.

Alvarado lleva consigo esa interrogante en cada visita, en un peregrinar de casi cinco años que también la ha llevado por comisarías, juzgados y otros centros penales, y que le ha dejado al menos una certeza.

«En todos esos lugares siempre me he encontrado con madres que, como yo, andan preguntando por sus hijos», cuenta. «Madres, hermanas, cuñadas, tías, muchas muy mayores, ancianas, de todas las edades en verdad, pero casi siempre puras mujeres».

De tanto coincidir, se han ido juntando orgánicamente, en la región sureña del Bajo Lempa primero y extendiéndose por la geografía salvadoreña después, para apoyarse entre ellas, compartir información, consejos y gastos de desplazamientos, y acompañarse en la desgracia y en su lucha para seguir adelante.

Hoy constituyen un colectivo formado por cientos de mujeres que bautizaron como Madres por la Libertad y con el que quieren hacer frente al silencio institucional y al olvido, reclamando el derecho a ser informadas, a las visitas familiares y a un juicio individual y justo para sus familiares.

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