RT
EE.UU. se ha convertido en un actor clave de cara a una elección ad portas en Latinoamérica. Con apoyos manifiestos a un candidato y el uso de sanciones económicas para afectar a otro, Washington entra de lleno como actor en la carrera que va a definir quién será el próximo presidente de Brasil.
Esta semana, el conservador Flávio Bolsonaro presentó un escrito en Washington para pedir que EE.UU. no imponga nuevos aranceles contra Brasil ni tome medidas contra PIX, el sistema de pagos instantáneos del Banco Central de su país. El detalles es que la tregua se aplicaría solo hasta que se celebren los comicios presidenciales: el próximo 4 de octubre.
Asimismo, el pedido ocurre apenas meses después de que el hijo del expresidente Jair Bolsonaro se reuniera con el mandatario de EE.UU., Donald Trump, para acusar al Gobierno actual de Luiz Inácio Lula da Silva de amparar a narcotraficantes y pedir sanciones que afectan a facciones criminales como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
Esas sanciones, a la postre, han terminado por afectar a PIX y servido como pretexto a la administración Trump para amenazar con más aranceles a Brasil. En paralelo, analistas consideraron que la designación de las bandas criminales como organizaciones terroristas era solo el primer paso para justificar una intervención extranjera por parte de EE.UU.
Revés inesperado
El hijo mayor de Bolsonaro, quien figura como uno de los principales competidores de Lula en la carrera de las presidenciales, movió la ficha en Washington para perjudicar a su rival. Sin embargo, la jugada salió mal.
Según G1, Flávio Bolsonaro admite en su propio escrito que los aranceles y las medidas punitivas que impulsó hace meses contra su propio país, lejos de debilitar a Lula, lo beneficiaron políticamente: «Los aranceles propuestos recompensarían a los mismos infractores a quienes pretenden castigar», escribió.
De hecho, el actual mandatario y candidato para revalidar el cargo decidió bautizar a su contrincante como ‘TariFlávio’. En esa línea, Lula recalcó que el pedido del hijo de Bolsonaro no solo permitió la imposición de aranceles a Brasil, sino que implicaba una interferencia directa en las elecciones del país.
Ante este escenario, el presidente del gigante suramericano se ha cuidado de no lanzar pestes directamente contra Trump, sino que ha maniobrado para responsabilizar al secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, a quien calificó de «enemigo mortal» de América Latina. La estrategia, de momento, le ha dejado un saldo político positivo.
Rubio, por su lado, azuzó las llamas con una carta. El pasado 23 de junio, ratificó la postura de EE.UU. contra Brasil en respuesta a otra misiva enviada por el precandidato Bolsonaro rechazando su solicitud de abandonar los planes de imponer nuevas tasas a las importaciones brasileñas.
Aún así, Flavio Bolsonaro no se ha dado por vencido y participará el martes de la semana que viene en una audiencia pública en Washington, para debatir los aranceles impuestos por EE.UU. a su país.



