Telesur
Una serie de audios filtrados en las últimas horas, que refieren conversaciones a través de WhatsApp, Signal y Telegram, destaparon una operación de injerencia política y corrupción en Honduras, la cual involucra la participación del presidente Nasry Asfura, el líder del Congreso, Tomás Zambrano, la consejera electoral Cosette López-Osorio, la vicepresidenta María Antonieta Mejía y al exmandatario Juan Orlando Hernández, indultado por Donald Trump tras ser condenado a 45 años de prisión por narcotráfico.
El material, resultado de una investigación de Diario Red y Hondurasgate, sitúa en el centro de la trama el intento de garantizar el retorno de Hernández a la presidencia, con respaldo de Trump y apoyo de sectores vinculados a Israel. Las grabaciones, presentadas como exclusivas, describen una articulación política y económica cuyo objetivo sería eliminar resistencias internas, condicionar instituciones y reorganizar el control del Estado hondureño.
En una nota de voz, Mejía afirma: “Bueno, tamos listos. 4 años más, desde ya hay que irlo diciendo de nuevo. La gente quiere al presidente Juan Orlando. Lo necesita en Honduras.”
El indulto como pago político
El 30 de noviembre de 2026, horas antes de las elecciones hondureñas, Trump anunció el indulto de Hernández, condenado en 2024 por conspirar para enviar cocaína a EE.UU. y recibir dinero del ‘Chapo’ Guzmán. El anuncio incluyó respaldo explícito a Asfura, candidato del Partido Nacional, bajo amenaza de cortar la ayuda económica de las remesas si este no resultaba electo. Los audios revelan que el indulto fue financiado por círculos israelíes: “El dinero del indulto ni siquiera salió de ustedes, salió de una junta de rabinos, y de una gente que apoyaba a Israel”, dijo Hernández.
La presidencia de transición
Aunque Asfura negó vínculos con Hernández, los audios demuestran que su llegada al poder fue parte de un plan diseñado por Trump y el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu. Tras unos comicios signados por numerosas irregularidades que encubrieron un fraude electoral, Asfura fue declarado ganador con 40.27% de los votos. Apenas asumió, viajó a Mar-a-Lago para reunirse con Trump y negociar una agenda de intereses extranjeros. Hernández le recuerda en un audio de los difundidos que: “Gracias a mí, usted está sentado en esa silla. Presidente, voy a ser yo. Y espero su apoyo.”
ZEDES, bases militares e Inteligencia Artificial y el lawfare contra la oposición
El plan incluye la expansión de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDES), la construcción de una nueva base militar estadounidense y una ley para incentivar la inversión en Inteligencia Artificial (IA). En una grabación, Asfura comenta: “Ya tuvimos una sesión privada con círculos inversionistas y están muy positivos para ver la expansión en Roatán de la ZEDE y en Comayagua. Vamos a mover otra Palmerola específicamente ahí en Roatán.”
Las ZEDES han sido denunciadas por organizaciones civiles como una cesión de soberanía, al permitir sistemas jurídicos extranjeros en territorio hondureño.
A la vez, los audios muestran a Hernández dando órdenes directas a Zambrano para acelerar juicios políticos y destituir a opositores. El 16 de abril de 2026, el Congreso destituyó a magistrados del ConseJo Nacional Electoral —a los cuales pretende someter a enjuiciamiento político luego de que ilustraron en detalles cómo se perpetró el golpe electoral— y previamente había forzado la renuncia de la presidenta de la Corte Suprema, Raquel Obando. Hernández señala en un audio: “Tenés que recuperar todo el poder. Te mandé la gente de Israel, te mandaron dinero. Estoy yo haciendo lobby aquí.”
Además de estos funcionarios electorales, desde el Gobierno saliente de la expresidenta Xiomara Castro (2022-2026) denunciaron irregularidades, mientras Estados Unidos restringía visas a magistrados vinculados al reconteo. Previo a las elecciones se revelaron otros audios que reflejaban intentos de cometer fraude. En ellos también aparecieron Tomás Zambrano y Cosette López-Osorio.
Implicaciones geopolíticas
De concretarse, Hernández se convertiría en el principal operador político de Trump y Netanyahu en Centroamérica, transformando a Honduras en un enclave estratégico militar y económico frente a China y otras potencias. El caso expone cómo intereses imperialistas y transnacionales buscan imponer su agenda sobre la voluntad popular hondureña.



