Página 12
El acuerdo entre Israel y el Líbano de extender tres semanas más el alto el fuego, tras una reunión con representantes de ambos países en la Casa Blanca, abrió la posibilidad de que las partes continúen dialogando para poner fin a la guerra actual.
Sin embargo, las acusaciones cruzadas por violaciones del alto el fuego son crecientes conforme pasan los días, al punto de que la tregua estaría en las palabras, pero no en los hechos.
El conflicto se enmarca en un contexto en el que influyen las dinámicas políticas de cada una de las partes, con Estados Unidos como aliado de Israel y el grupo chiíta Hezbolá enfrentado al país vecino al margen del estado libanés, lo que contribuye a la complejidad del conflicto.
El marco de la negociación
Kevin Ary Levin, licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y magíster en Estudios de Medio Oriente por la Universidad de Columbia, explicó a Página/12 que Hezbolá e Israel están enfrentados desde 1982, pero que el actual conflicto representa una nueva etapa, originada como consecuencia de la confrontación entre Estados Unidos e Israel contra Irán, con características distintas. “Por ejemplo, hay un discurso de mucha mayor hostilidad hacia Hezbolá por parte del gobierno libanés”, señaló.
“Al mismo tiempo, hubo un gobierno israelí que ya cambió la forma, los últimos dos años y medio, de actuar frente a lo que percibe como amenazas en la región, y que ahora parece mucho menos confiado en soluciones militares para resolver estos temas de seguridad y mucho menos confiado en la diplomacia o en las estrategias de contención. Y eso, por supuesto, cambia la intensidad de todo esto”, detalló.
El analista también dijo que es un conflicto que, en poco tiempo, tuvo consecuencias humanitarias claras, no solamente por la cantidad de muertos, sino también por la cantidad de desplazados. “Hay cierta sensación, al menos del lado israelí, de que este conflicto ya se extendió demasiado en rondas de violencia y que ahora es necesario resolverlo de una forma más o menos permanente”, indicó.
“El tema es que para Estados Unidos claramente es prioritario resolver el tema de Irán, y eso, de alguna forma, inserta todo lo que está pasando en el Líbano en algo subordinado para ellos”, agregó.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la extensión de la tregua tras recibir el jueves en el Despacho Oval a los embajadores de Israel y del Líbano en su país, Yechiel Leiter y Nada Hamadeh, para avanzar en las negociaciones.
Además, el republicano declaró que prevé celebrar una reunión tripartita con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Líbano, Joseph Aoun, en las próximas dos semanas. Hezbolá, aliado de Irán, fue excluido de las conversaciones de paz.
El encuentro entre los embajadores de Israel y del Líbano fue el segundo entre ambas partes. El pasado 14 de abril se reunieron en el Departamento de Estado en el contacto de más alto nivel entre ambos países —que no mantienen relaciones diplomáticas— desde 1993. Posteriormente, al igual que ocurrió con la actual extensión de la tregua, Trump anunció la entrada en vigor de un alto el fuego.
Las conversaciones, mediadas por Washington y sin participación de Hezbolá, no han impedido que se produzcan decenas de violaciones del acuerdo según acusaciones cruzadas entre las partes del conflicto bélico.
Líbano se ha visto arrastrado a la guerra en Medio Oriente el 2 de marzo después de que Hezbolá atacara a Israel en represalia por la muerte del entonces líder supremo iraní Alí Jamenei el primer día de la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero.



