Dos fallecidos y unos 22 heridos en el choque del buque mexicano al puente de Brooklyn

BBC News

Dos personas murieron y al menos otras 22 resultaron heridas la noche del sábado cuando un buque escuela de la Armada de México, que realizaba una gira mundial de buena voluntad, chocó contra el puente de Brooklyn en Nueva York.

Las primeras investigaciones sugieren que el buque de entrenamiento ARM Cuauhtémoc se habría quedado sin energía antes de la colisión. Sin embargo, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de EE.UU. (NTSB, por sus siglas en inglés) dijo este lunes que no se puede adelantar ninguna conclusión.

Las víctimas fueron identificadas por las autoridades mexicanas como la cadete América Yamilet Sánchez, de 20 años, y el cadete Adal Jair Maldonado Marcos, de 23.

Eran dos de los 277 tripulantes a bordo del velero de la Armada de México, cuyos tres mástiles se rompieron al impactar contra el puente.

Según reportaron los medios mexicanos, Sánchez era una de los cadetes que se encontraba en lo alto de los mástiles en el momento del accidente.

Otros tres de los tripulantes del buque resultaron gravemente heridos.

En total, 177 tripulantes volvieron a México la noche del domingo. En el buque se quedaron casi 100 y algunos heridos estaban siendo atendidos en hospitales.

Aún no se sabe por qué el buque impactó contra el puente, que «no tuvo daños estructurales significativos», según la NTSB.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, lamentó el accidente y pidió solidaridad con las víctimas.

«Fue un accidente, hay dos personas fallecidas y lo que tenemos que hacer es solidarizarnos y esperar un poco a ver cuáles fueron las causas», afirmó en declaraciones a la prensa.

La presidenta mexicana añadió que funcionarios mexicanos y estadounidenses se encuentran trabajando estrechamente en la investigación.

«Era una soldado que no se rendía»

La madre de América Sánchez, Rocío Hernández, describió a la cadete como «una hija ejemplar» y «una estudiante entregada» que aspiraba a ser ingeniera naval.

De pie frente a un altar improvisado adornado con flores y fotos de América vestida para su fiesta de quinceañera, Hernández rindió homenaje a su hija.

«Ella era una guerrera, una soldado que no se rendía, que siempre luchaba por sus metas», dijo, y añadió que a su hija solo le quedaba un año para graduarse.

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